Blog de artículos publicados en medios de comunicación.

14.7.14

QUE ALGUIEN HAGA ALGO


            A primera vista, que una ciudad cuente con 247.000 metros cuadrados de suelo público disponible en dos puntos cardinales distintos para redefinir la trama urbana del futuro es una oportunidad única de transformación como hay pocas en la historia de un municipio medio. Si a eso se junta que una parte de las edificaciones existentes pueden preservarse para un nuevo uso, pueden encontrarse ventajas adicionales para el cambio de destino. Claro que también puede uno verse abrumado por la situación y frotarse los ojos incrédulo por el incierto futuro mientras el abandono se come media ciudad; o entretener al personal con continuas disquisiciones y preservar en el lanzamiento de reproches a otros responsables políticos mientras la hiedra crece. En esta disyuntiva histórica se encuentra la ciudad de Oviedo, y aquí el adjetivo es merecido: el futuro de la ciudad se juega en El Cristo y La Vega y de momento  los poderes públicos pierden por incomparecencia.
            Se trata de articular la planificación urbanística necesaria; poner en coordinación a la Administración local, autonómica y estatal (determinante en La Vega y con intereses en El Cristo); decidir qué edificios se indultan y qué finalidad se alberga para ellos (tirarlos todos parece un exceso y un derroche); recuperar espacios para la ciudad (abrirlos en La Vega, cerrada a cal y canto) y evitar su conversión en pueblo fantasma; llevar a la práctica todas las decisiones; y hacerlo con escasos recursos públicos, sin iniciativa económica privada que apoye (o interfiera, según se mire) y con la participación activa de la ciudadanía, que tiene pleno derecho a intervenir de la forma más directa posible en este debate. Nadie dijo que fuese fácil.
A muchos parece asustarles este reto y razones hay para ponerse en lo peor, porque entre los infinitos prolegómenos, la indecisión colectiva y el tiempo perdido, el problema ya está aquí, con toda su crudeza. En el caso del traslado del HUCA, hace años que deberían estar definidos los nuevos usos y ya tendría que estar en vigor la modificación del planeamiento urbanístico. En cuanto a La Vega, se veía venir que de la defensa numantina del mantenimiento de la actividad industrial se pasaría a un inevitable cierre de las instalaciones: por mucho que nos duela, tenía toda la lógica económica que la empresa prescindiese de una de las dos fábricas de su municipio. Durante años, sin embargo, ha sido tabú preguntar siquiera qué iba a pasar el día después del abandono por General Dynamics y a quien se ha atrevido a evaluar posibles alternativas se le ha acusado poco menos que de propiciar el cierre.
No obstante, va siendo hora de tomarse en serio, con suficiente determinación y capacidad resolutiva, los retos que afronta la ciudad. Marcarse unos plazos, cuando menos, para poner un límite temporal a la fase deliberativa y de aproximación, y no enredarse con un debate que puede ser eterno. Y, especialmente, que todas las Administraciones pongan las cartas sobre la mesa sobre lo que están dispuestos a hacer y los recursos que están en condiciones de aportar, porque de lo contrario cualquier planteamiento no pasará –como ha sucedido hasta ahora- de bienintencionadas conjeturas. ¿Quiere el Ayuntamiento obtener la cesión de los terrenos de La Vega y está el Ministerio dispuesto a entregarlos sin contraprestación? ¿Está la Universidad -que apenas tiene cuartos para subir la persiana todos los días- verdaderamente interesada en ampliar o unificar espacios en El Cristo? ¿Va a ejercer el Ayuntamiento sus competencias indelegables en materia de planificación urbanística, que es al final de lo que se trata? ¿Quiere el Principado de Asturias dar algún uso en materia de servicios sociales o justicia a algún edificio del antiguo HUCA? ¿Tiene el Ayuntamiento voluntad de dotar de contenidos culturales o de habilitar espacios para el emprendimiento a las naves ociosas de La Vega? ¿Se va a contemplar alguna partida presupuestaria para todo ello? Y sobre todo, ¿va el Ayuntamiento de una vez por todas a adoptar la posición de liderazgo que los ovetenses precisan en este asunto? 
Si de aquí a unos meses quienes tienen que comenzar a responder las preguntas cardinales sobre esta cuestión siguen sus maniobras de distracción, preparémonos para tener durante años parte de la ciudad, en particular el suroeste, como escenario para el rodaje del documental “La vida sin nosotros”. Si la pasividad persiste, no habría que descartar soluciones drásticas del estilo de los grandes parques que propone el experto en economía urbana y regional Fernando Rubiera; unido a una invitación a llevar “La Madreña” a alguno de los edificios sin uso.

Publicado en Asturias Diario, 5 de julio de 2014.

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27.4.14

Y EN OVIEDO TAMBIÉN


Vaya nivelazo el de Foro Asturias, que ha emprendido una cruzada contra la trama que, según acusan, ha urdido el Alcalde para acabar con la Concejala Belén Arganza tras el conocido incidente de estos días. Me parece perfecto que Foro pida explicaciones sobre la actuación de la Policía Local y las presuntas filtraciones del desagradable episodio en el que la Sra. Arganza se ha visto envuelta; en su derecho a obtenerlas están. Pero elevarlo a la altura del Watergate es como poco chocante y la versión conspiranoica de las cosas –que cada vez se extiende a más materias, desde las más serias a las casi triviales- tiene poco de verosímil y bastante de desvergüenza.
No creo que la Sra. Arganza ni el propio Grupo Municipal de Foro (o lo que queda de él) sean tan peligrosos para las aspiraciones del PP de conservar la Alcaldía; no hay más que ver el decepcionante estilo de oposición que han desplegado en este mandato, entre desorientado y crispado, y desde luego con un mensaje imposible de identificar por una ciudadanía sorprendida. Pero a cuenta del espectáculo, la verdad es que aquellos a los que nos interesa la vida política municipal no salimos de nuestro asombro, por la mezcla de ridículo, estridencia y agresividad que jalona la defensa política de la Sra. Arganza: cutrez en estado puro.
Si la parte cómica tiene poca gracia, la trágica resultante directamente indignante. Convertir en víctima a quien, según las declaraciones del injuriado, tiene el gatillo fácil para el insulto racista y el abuso de poder, es bastante impresentable. La desinhibición que provoca ir con dos copas de más y hacer alguna tontería puede ser un atenuante y serán pocos los que estén libres de haber caído en alguna mezquindad de ese tipo. Pero, al menos a posteriori, una excusa pública (no digo ya la dimisión) es lo mínimo que se puede pedir, para, por lo menos, no provocar que los representados nos sintamos avergonzados de comportamientos de representantes públicos que, además de meter la pata, parecen derrochar absurda arrogancia por ello.
Por cierto, llamar “sudaca” como parece que hizo la Concejala, está demodé; no olvidemos que los que emigramos somos ahora los trabajadores españoles, muchos de ellos a Sudamérica, continente en franco progreso social, político, económico y cultural mientras Europa languidece. Por cierto que, replicando la odiosa y estúpida superioridad de quien se alegra de la dificultad ajena, o la desconfianza hacia el recién llegado, los equivalentes a la Sra. Arganza al otro lado del charco comienzan a popularizar el calificativo de “euracas”. Espero que la epidemia no cunda.
Y, que una concejala de la oposición amenace con la deportación a un extranjero, además de una soberana tontería para quienes algo sabemos de Derecho de Extranjería y una exhibición de maldad a ojos de cualquiera, es brutalmente grotesco; tanto que, salvo públicas excusas o desmentido, le inhabilita políticamente. Por suerte, si el sufrido vecino estaba un poco informado, poco le habrá importado escuchar a la Sra. Arganza, como en el chiste de Chiquito de la Calzada, decir aquello de “usted se calla que usted no sabe quién soy yo”. Parafraseando a Chiquito -que debería teorizar sobre este affaire- ¿no sabe la Sra. Arganza que un concejal de Cuenca es un mojón?

Publicado en Asturias Diario, 5 de abril de 2014.

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7.4.14

TRACA FINAL EN LA OPERACIÓN DE LOS PALACIOS

¿Servirá de algo la comisión de investigación creada en el Ayuntamiento de Oviedo para revisar la llamada “Operación de los Palacios”? Seguramente aportará algo de pimienta a la vida política municipal, poblará de declaraciones acusatorias las páginas de la sección local durante los próximos meses y, sobre todo, pondrá a prueba este particular mecanismo de control hasta ahora inédito en la historia local. Me parece legítimo y positivo que se ponga en marcha esta comisión, sin duda muestra de la singularidad de este mandato en el que la pérdida de la mayoría absoluta del PP ha ayudado bastante a regenerar la actividad institucional, aunque siga lejos del estándar de transparencia y participación que sería deseable. Y además hay materia suficiente que analizar, si se trata de desentrañar la deriva y los errores políticos e institucionales que motivaron que el interés público quedase reiteradamente subordinado a las ambiciones y la megalomanía de los protagonistas: el Alcalde-Ingeniero -decíase-, el Arquitecto estrella hoy caído en desgracia, los empresarios con poca mesura y otros actores secundarios. 
No obstante soy tremendamente escéptico porque partimos de varios condicionantes, me temo que determinantes. Por un lado, la tradición española en materia de comisiones de investigación no es precisamente edificante, reduciéndose a crear un escenario de mayor atención sobre un tema polémico en el que básicamente se reproducen los planteamientos ya conocidos, obteniendo apenas algunos datos o perspectivas adicionales de los comparecientes; muy lejos, en definitiva, del espíritu constructivo, de búsqueda de conclusiones útiles y de identificación de los fallos cometidos que debería presidir esta clase de iniciativas. Incesablemente se confunde, además, el trabajo de una comisión de esta naturaleza con una suerte de tribunal popular, con acusación y defensa y sobrerrepresentación gestual y retórica; a veces con excesos verdaderamente penosos, como llamar a sede parlamentaria (lo vimos en las comisiones del Niemeyer y del Caso Marea en la Junta General) a empleados sin responsabilidades significativas o hacer pasar por un remedo de pena de banquillo al adversario político. De ahí la lamentable pérdida de formas y de respeto de algunos comparecientes que encuentra el terreno abonado por el exceso de oportunismo ajeno. 
Por otro lado, en el caso que nos ocupa la comisión llega cuando lo que queda de la “Operación de los Palacios” es, como quien dice, las sobras de la fiesta, cuyo pastel se le ha atragantado a los patrocinadores de la genialidad. No diré los escombros porque el edificio de Buenavista de momento sigue entero, aunque envejecido prematuramente (¡y sucio!), con su terrible falta de funcionalidad a flor de piel. Pero era otro el momento de cuestionar a fondo el tipo de contratación administrativa y sus cambios, el urbanismo a la carta, los apoyos públicos irreflexivamente otorgados, la idoneidad del diseño, la propia necesidad de los equipamientos, la protección del patrimonio público y, sobre todo, el destino de dos parcelas públicas que eran importantísimas para el futuro de la ciudad y que en buena medida se han malogrado. Ahora es aparentemente fácil hacer astillas del árbol caído cuando el grado de responsabilidad nos alcanza a todos o casi todos –ciudadanía incluida-, por acción, por omisión y quizá por reparo a criticar abiertamente cuando el aplauso era casi unánime. 
El triste destino de esta aventura es el de un Palacio de Congresos pretencioso, infrautilizado y con visera inmóvil; un centro comercial medio vacío; unos pisos de lujo sin comprador ni remate; una empresa promotora en liquidación cuyos impulsores maldecirán el día que aspiraron a la grandeza urbanística; unos poderes públicos que posibilitaron o toleraron el descalabro. Y, como función final, una comisión de investigación municipal. Ojalá sirva para hacer examen de conciencia y autocrítica colectiva: mucho pido.

Publicado en Asturias Diario, 1 de marzo de 2014.

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22.12.13

EL VIEJO HUCA Y EL ABANDONO QUE LE ESPERA

En los últimos años una de las decisiones tomadas en Asturias cuya adopción requirió un proceso más laborioso y no exento de polémica fue la de construir un complejo de nueva planta para el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en La Cadellada, Oviedo. Han sido años de debate y de planificación, de controversias y tensiones, culminadas con un proceso por venir, ciertamente complejo, de traslado desde las actuales dependencias en El Cristo hasta las que están por estrenar, desarrollándose esta recta final en un contexto especialmente complicado de escasez manifiesta de recursos público, lo que supongo que estará dando más de un quebradero de cabeza a los responsables de la política sanitaria en el Principado de Asturias. Si uno recorriese la infinidad de titulares, informaciones, declaraciones y contradeclaraciones de todos estos años, advertiría con perspectiva la magnitud del desgaste y de los esfuerzos empleados el importante reto que ha significado sacar adelante este proyecto, especialmente en estos tiempos recientes en los que los servicios públicos están tristemente bajo cuestión.
Ya desde hace tiempo, a su vez, se planteó con viveza el debate sobre el destino de los actuales edificios y terrenos del HUCA. Se trata de un patrimonio importantísimo, en suelo y en construcciones –aunque difícilmente versátiles-, que determinan en buena medida la fisionomía del oeste de la ciudad, afectan a sus comunicaciones, a los flujos de personas y a la actividad económica de los barrios del entorno. Y, repetidamente, aunque de forma menos intensa de lo debido, se ha formulado el interrogante sobre qué clase de alternativas se darán a éste espacio. A este respecto, hasta hace unos años el temor principal residía en que las presiones especulativas condenasen a la pérdida de un espacio público o a su radical disminución en favor de una desproporcionada recalificación para usos residenciales. A día de hoy, sin embargo, la crisis del sector inmobiliario ha echado por tierra la posibilidad de contar con inversiones privadas provenientes del ladrillo para diseñar las alternativas; y tampoco parece que la iniciativa privada procedente de cualquier otro sector vaya a plantear soluciones creíbles.
Queda, por lo tanto, la iniciativa pública, prácticamente en solitario, para afrontar una situación que hasta hace poco parecía lejana pero que ya es inminente. En unos meses comenzará paulatinamente a trasladarse toda la actividad y los servicios y, gradualmente, como ya ha sucedido con el edificio que albergaba elInstituto Nacional de Silicosis, se irán cerrando edificios. El escenario es, cuando menos, inquietante, por cuanto en un breve periodo de tiempo nos encontraremos con un complejo enorme desocupado, sin alternativas de uso y en el que las deficiencias de conservación y mantenimiento aparecerán con toda su crudeza. El deterioro que va a experimentar este espacio y con él una buena parte de la zona oeste de la ciudad, será irremediable y, seguramente, prolongado.

Llegados a este punto y echada la vista atrás, se aprecia una enorme falta de liderazgo local para tomar decisiones en previsión de futuro. No olvidemos que, aunque la titularidad de los terrenos es principalmente del Principado de Asturias, el asunto es de incidencia eminentemente municipal y es al Ayuntamiento de Oviedo a quien corresponden las competencias en materia urbanística, aunque puedan ser moduladas con base en la tutela de intereses supramunicipales. Ha pasado el tiempo y, salvo ideas voluntariosas, de momento no hay sobre la mesa ninguna propuesta en firme autorizada que tenga solidez y cuente con la planificación adecuada. Y, en lo que será el reto urbanístico más importante para la ciudad en décadas, no sólo se trata de promover alternativas para el espacio del actual HUCA y de alcanzar el acuerdo necesario para hacerlas viables, sino de llevarlas a los instrumentos de planeamiento –lo que siempre es laborioso y lleva su tiempo- y de movilizar recursos para que se conviertan en una realidad.

Publicado en Fusión Asturias, diciembre de 2013.

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25.10.13

OVIEDO FREAK

Dice mucho del nivel de la vida política local el hecho de que el principal asunto de debate público durante muchas semanas haya sido el tratamiento institucional, museístico y turístico a otorgar a lasreliquias de la Catedral de Oviedo. Discusión que ha tenido, además, el habitual grado de acritud y las consabidas acusaciones a otras administraciones de deslealtad hacia la ciudad, notas que habían venido adornando el discurrir político municipal hasta la feliz tregua de razonabilidad de estos últimos meses, que ahora se diluye.
Sucede que a resultas de una exposición itinerante promovida desde la iniciativa privada sobre lo que se ha venido en llamar la Sábana Santa, aprovechando su vinculación en el universo de las reliquias del catolicismo con el lienzo guardado en la Catedral, surge en la Alcaldía la idea dar a conocer y explotar el culto al contenido del Arca Santa que, según la leyenda, vino en parte desde tierra palestina hasta Asturias, traída al Norte de España para protegerla del infiel sarraceno, en la terminología que es propia de estas historias. El inventario es tan fantasioso como extravagante, ya que citando la copia del propio documento de apertura del Arca Santa de 1075 que ha llegado a nuestros días, contenía "un tesoro inimaginable, cual es, a saber, del leño [de la cruz] del señor, de la sangre del Señor, del pan del Señor, esto es, de su Cena, del sepulcro del Señor, de la tierra santa sobre la que estuvo el Señor, del vestido de Santa María y de la leche de la misma Virgen y Madre del Señor, del vestido del Señor dividido a suertes y de su sudario", además de huesos, mantos y cenizas de apóstoles, profetas y santos. La historia que rodea al Arca Santa y el periplo de las reliquias lo tiene todo para atraer a los amantes del subgénero "Código da Vinci: templarios, cruzadas, reconquistas, reyes, juramentos, el Cid Campeador de por medio, montes sagrados, rayos cegadores y toda suerte de maldiciones y promesas asociadas. Para otras apetencias también se puede encontrar materia para la exaltación dogmática, el negocio asociado a la explotación de las creencias, el esoterismo pseudohistórico de éxito televisivo y, como no, la sana curiosidad.
Todo esto sería casi normal si de lo que estuviésemos hablando es de la evocación legendaria de un tiempo en el que las sedes eclesiásticas del cristianismo medieval competían por acumular reliquias, generando en torno a los objetos venerados fabulaciones, misterios y aventuras que, vistos ahora con ojos benevolentes, tienen su gracia y cierta hermosura literaria. Pero la cosa se pone un poco más fea cuando en la propuesta de hacer un museo (uno más) a la dosis de oportunismo y ocurrencia prácticamente inevitable, se suma la declarada intención proselitista de quienes la promueven, llamando a la devoción sobrelas reliquias, con tanta vehemencia que a este paso cuestionar su veracidad se va a considerar, además de blasfemo, un crimen de leja majestad contra el nuevo discurso oficial de la ciudad. Repele a la razón que se patrocine la magia y la superstición de relicario y que esta clase de propaganda de la religiosidad más irracional se auspicie desde el poder público. Y, por otra parte, sospecho (y espero) que a muchas personas creyentes les generará una cierta prevención esta sorprendente mezcla de idolatría, fetichismo y mercantilización de la fe. Parece, sin embargo, que en algunos reductos de la derecha católica todavía se añora el aire sobrenatural, tenebroso y castigador de la religiosidad más arcaica.

Veremos en qué acaba la propuesta, ya que –no hay mal que por bien no venga- la escasez de recursos públicos parece que acabará aparcando la idea en el también excéntrico listado de propuestas museísticas sobre cuyos excesos ahora recapacitamos. De lo contrario, ya veo a los munícipes llevando sobre sus hombros el Arca en procesión y al ovetentismo oficial a la zaga pregonando el carácter santo, imperial y providencial de la ciudad relicario.

Publicado en Fusión Asturias, octubre de 2013.

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23.6.13

OTRA VEZ NOS QUIEREN LIBERAR

Durante años, y especialmente a partir del surgimiento de los movimientos ciudadanos partidarios de la recuperación de la memoria histórica, se ha planteado en numerosos municipios de nuestro país un intenso debate sobre la retirada de los vestigios restantes en el espacio público dirigidos a la exaltación del golpe de estado de 1936 que dio lugar a la Guerra Civil y a la glorificación del Franquismo. Monumentos, nombres de vías públicas, estatuas, distinciones honoríficas o incluso topónimos seguían exhibiendo la visión de la rebelión de parte del ejército frente al sistema democrático y constitucional como el “alzamiento nacional”, el 18 de julio como fecha a conmemorar, y multitud de militares de diverso rango levantados en armas frente a la República o protagonistas de feroces represiones como nombres ejemplares a recordar. En Oviedo no nos libramos de esta clase de etiquetas heredadas de la dictadura; baste mencionar las referencias a “la gesta” o “la liberación” para aludir al escenario bélico de la ciudad entre 1936 y 1937, nuestro 19 de julio particular en una calle señera, la condición del General Aranda –el protagonista del golpe en la ciudad- como Alcalde Honorario o la profusión de militares franquistas en el callejero, algunos de ellos particularmente destacados en el derramamiento de sangre y el exterminio en la retaguardia como el General Yagüe (que pasó a la historia por las atroces matanzas tras la toma de Badajoz). Hasta hace poco incluso conservábamos una calle con el nombre de la colaboración directa española con el nazismo –glorificación impensable en la Europa avanzada-, que eso fue principalmente la División Azul.
Es cierto que el debate en la materia y la retirada de estos vestigios siempre ha despertado polémica y es inevitable que así sea; también es verdad que para una parte no pequeña de la población la controversia no le decía nada o casi nada, de ahí que el asunto, en el marasmo de la crisis actual, haya pasado a ser una cuestión marginal para la opinión pública. Esta relativa apatía (que no habla en favor de nuestra conciencia colectiva), unida a la falta de actitudes más resueltas por quienes pudieron adoptar decisiones cuando hubo oportunidad para ello, ha llevado a que en bastantes casos el trabajo necesario se haya quedado a medias o directamente ni se haya acometido, con algunos ejemplos particularmente aberrantes. En el caso de Oviedo, el ejemplo más notorio es la persistencia del monumento a Franco en la Plaza de España (del que bastaría con sustituir el medallón y el anillo laudatorio), que, por cierto, es uno de los pocos que se erigieron tras su fallecimiento. Y de las conclusiones de una comisión de notables nombrada al efecto –poco más que un amago- apenas algunas se han aplicado, manteniéndose en la ciudad muchos de los elementos llamados a ser retirados según mandado de la llamada Ley de Memoria Histórica.
De lo que se tiene escasa o ninguna noticia es de restituciones de evocaciones de encumbramiento del franquismo. Y ahí Oviedo parece que puede ser triste pionera si se vuelve a colocar en un espacio público la estatua del Teniente CoronelTeijeiro, lo que constituiría un escarnio a la memoria democrática realmente insólito. Casi tanto como volver a decir, 76 años después, que la entrada de las columnas gallegas en la batalla de Oviedo fue la “liberación” que ensalzar de la que habla la historiografía franquista, porque ese es el lema y sentido de la estatua. Habrá que preguntarse de qué ”liberación” se trató para las más de 1.300 personas enterradas en la fosa común del cementerio del Salvador, para otros muchos asesinados tras Consejos de Guerra, como el rector Leopoldo AlasArgüelles, o para los que soportaron sojuzgados el clima de represión durante décadas. Que se utilicen, con el punto de banalidad que caracteriza a algunosconcejales, argumentos como la presunta calidad artística de la estatua para reclamar su reposición es de una frivolidad aplastante, pretendiendo sustraer de un contexto histórico y político el significado terrible, disolvente, antidemocrático y humillante para las víctimas del franquismo y sus familiares que tendría volver a dar protagonismo en el espacio público a una visión sesgada y cruel de nuestra más profunda herida.
 
Publicado en Oviedo Diario, 10 de mayo de 2013.

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8.10.12

UN PROBLEMA Y UNA OPORTUNIDAD

La llamada operación de los Palacios, que quedó en Palacio de dudoso gusto en Buenavista y viviendas en El Vasco, está dejando un indeseable herencia a los ovetenses. No es por casualidad ni resulta inesperado; ni únicamente se debe al contexto de crisis que pone las cosas más difíciles para los actores públicos y privados responsables del desaguisado. También se debe a una inadecuada planificación urbanística y jurídica, a la abrumadora falta de transparencia y, en lo que nos concierne a todos los ovetenses, a la carencia de rigor en la defensa de los intereses generales.

Ahora, con el concurso de por medio, toca no precipitarse porque no se entendería un rescate de la concesión que pudiese facultar al concesionario a reclamar cualquier clase de indemnización. Es mucho más probable que, por incumplimiento de las obligaciones de Jovellanos XXI ante el Ayuntamiento, haya posibilidades reales de declarar la extinción de la concesión pisando sobre suelo seguro y sin contraprestación, por ejemplo si el concesionario no es capaz de explotar efectivamente la concesión, lo que posiblemente sucederá si no cuenta con la respiración asistida de las subvenciones encubiertas. Extinguida la concesión, se extingue el derecho real -la hipoteca- que lo grava. Lo que habrá que evitar, administrador concursal y el Juez del concurso mediante, es que el acreedor hipotecario, titular de un crédito con privilegio especial, quiera hacer valer en ejecución separada su garantía, lo que en determinadas circunstancias la Ley Concursal admite y que podría significar la transmisión de la concesión a resultas de la ejecución hipotecaria, cosa que irresponsablemente el Ayuntamiento admitió de forma indirecta al autorizar la hipoteca. Por eso, en cuanto se produzca la causa de caducidad anticipada o de extinción de la concesión, tocará declararla y redimir, quizá está vez sí, al interés público, huérfano de un Ayuntamiento que vele por él.
 
Publicado en El Comercio, 7 de octubre de 2012.

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22.4.12

LA DEBILIDAD DEL ALCALDE


Otra vez intenta General Dynamics, propietaria de Santa Bárbara Sistemas, cerrar la Fábrica de Armas de La Vega, objetivo que ya ha intentado en varias ocasiones desde que en 2001 se hiciese con el control de la empresa. Nuevamente se esgrime por parte de la firma la mayor eficiencia y el ahorro que comportaría unificar la producción en Trubia, pero a la vista de los precedentes casi nadie se fía del compromiso de la multinacional norteamericana con la continuidad de las líneas de producción, el empleo y la actividad, de ahí que, al igual que en el pasado, la práctica unanimidad de los interesados, incluyendo todas las fuerzas políticas asturianas (con distintos grados de coherencia e intensidad) sumen sus voces para evitar el cierre.
Aunque la empresa ya no esté bajo el control público    –lo que no ha garantizado su futuro, precisamente- parece difícil que desde el Ministerio de Defensa, su principal cliente, no conozcan ni avalen el cierre de La Vega y la integración de las dos fábricas; de hecho las informaciones conocidas estos días, aunque ninguna por boca de altos responsables del Ministerio, apuntan en la dirección de respaldar directamente el traslado. De esta forma, entre los defensores del mantenimiento diferenciado delas dos factorías surge el primer y principal motivo de preocupación, porque sólo con una posición clara del Gobierno de España, que acoja las inquietudes expresadas, se podría ejercer la presión suficiente para evitar que más de dos siglos de industria militar en la ciudad de Oviedo tengan su punto final.
La contradicción parece, por lo tanto, evidente. Mientras el Alcalde de Oviedo se suma, aparentemente sin fisuras, a las posiciones contrarias al cierre, desde el Gobierno de España regido por su mismo partido se da vía libre a la operación, quizá con la pretensión añadida de obtener rendimientos por los activos inmobiliarios liberados, aunque no sea éste el mejor momento para ello. Además, el perfil del Ministro, hasta su nombramiento directivo de la industria militar, no parece el mejor para tratar de poner condiciones o límites a las decisiones de General Dynamics.
Si no se detiene la pretensión de cerrar La Vega y si la respuesta institucional, social y política no tiene la entidad suficiente, el resultado arrojará enorme incertidumbre sobre el futuro de este sector en el municipio y conducirá a una drástica disminución del crédito del reciente Alcalde, porque en el actual escenario a él antes que a nadie corresponde realizar las gestiones internas más importantes para que el Gobierno estatal valore los otros elementos en juego. Incluso si se ofrecen ciertas garantías sobre las condiciones del traslado, que ya veríamos si son creíbles o no, el Alcalde saldría damnificado de este trance porque lo que ya nos ha quedado claro es que o no le consultaron –pese a ser conocida la posición del Ayuntamiento en los episodios anteriores- o si lo hicieron suopinión fue manifiestamente despreciada.

A este Alcalde de Oviedo hay que reconocerle las inesperadas diferencias de estilo, a lo que también obliga la distribución de fuerzas en el Consistorio, y la superior capacidad reflexiva y de trabajo respecto a la decadencia del anterior, pero eso sólo no es suficiente, e incluso vale para poco, cuando en los momentos críticos, por el motivo que sea, su voz es apenas una más entre otras, sin cualificación ni peso político suficiente para hacer valer los intereses de la ciudad en los foros que corresponda con una cierta capacidad de influencia. En esta partida se juega mucho, porque o trata de pintar algo en las decisiones estratégicas del PP que conciernen a la propia ciudad que gobierna o pasará a una posición marginal tanto para ésta como para otras cuestiones, incluyendo las que se plantearían en el futuro inmediato sobre la titularidad y destino de los terrenos de la fábrica, si está es finalmente desplazada. Y no creo yo que le apetezca blandir ahora el manido –y sesgado- cerco a Oviedo por el Gobierno estatal ahora que los dos son del mismo signo político.


Publicado en La Voz de Asturias, 17 de abril de 2012.

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5.2.12

ENERO DE RELEVOS

Con el nombramiento de Gabino de Lorenzo como Delegado del Gobierno en Asturias el PP le ha hecho y se ha hecho un favor. Por un lado, desatascan la situación en el Ayuntamiento de Oviedo, en el que el prolongado mandato del antiguo Alcalde llevaba tiempo en proceso degenerativo, provocando un importante deterioro de la vida pública local y de la propia gestión municipal, sin más Norte que una supervivencia política en serio riesgo. Por otro lado, el personal estilo que sigue el nuevo representante del Gobierno de España en la Comunidad Autónoma no será un obstáculo significativo en este caso, porque no tendrá -afortunadamente- una especial incidencia en el funcionamiento de los servicios de la Administración General del Estado en Asturias; muchos de ellos pueden operar con el piloto automático y bajo la dependencia de los respectivos Ministerios, sin que molesten demasiado las ocurrencias de turno, sufriendo sólo a la banda de gaitas que acompañe a los actos de propaganda. Así que el Delegado sufrirá un inevitable shock al descubrir que del pequeño imperio del Consistorio ha pasado a bucear en la burocracia de la Administración periférica del Estado. Otra cosa es que el papel de comisario político, que con escaso disimulo se atribuye al Delegado del Gobierno, lo vaya a ejercer con toda soltura; por cierto, habrá que preguntarse si es ésta la finalidad para la que debe servir esta figura.

El relevo al frente del Ayuntamiento de Oviedo, por otra parte, da una nueva oportunidad al PP local, que pasaba por horas bajas. Por lo visto en estos primeros días, el nuevo Alcalde sabe a la perfección que tiene que ganarse a pulso la confianza de la ciudadanía, precisamente en un momento en el que, por las dificultades del contexto económico y por los problemas largo tiempo aparcados en las consistoriales, encontrará especiales aprietos para ofrecer logros sustanciales que coincidan con aquellas expectativas a las que han pretendido acostumbrar a su electorado. Además, estando lejos las próximas elecciones municipales y viviendo las otras fuerzas políticas un proceso de cambio que puede deparar aires nuevos y renovados, hay margen y posibilidades para la construcción de proyectos alternativos capaces de conectar con las aspiraciones de una ciudad que sabe agotado el modelo de los últimos años.

Por eso y para marcar saludables distancias con su predecesor, Agustín Iglesias Caunedo, hasta hace poco presto a la confrontación más agria y acostumbrado al insulto barriobajero, pretende reinventarse de la noche a la mañana y demostrar un estilo de gobierno que aspira a ser diferente del efluvio autoritario de la etapa anterior. A primera vista, al menos a ojos de los que conocemos el discurrir de la política local, es poco creíble la imagen de boy scout que nos quiere vender. Pero es de justicia reconocerle audacia en el cambio de registro y son bienvenidos algunos gestos de estos primeros compases de su Alcaldía, que apuntan a un proceder más dinámico, abierto a la participación, el diálogo y el trabajo colectivo. Veremos si el tiempo y los hechos confirman esta apariencia, porque no son pocos los escépticos que creen que, más temprano que tarde, esta etapa se convertirá en un refrito del gabinismo, eso sí, con iPad.

Publicado en Oviedo Diario, 4 de febrero de 2012.

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29.1.12

¿QUÉ LLEGARÍAN A HACER SI PUDIESEN?

No sé dónde sacan algunas personas el descaro necesario para pedir la disolución a la brava -ni más ni menos- de una asociación ciudadana. No estamos hablando de un pronunciamiento venido de la Bielorrusia de Lukashenko ni originario de la refractaria Junta Militar egipcia. No se trata de la fatwa o la condena por anatema a la que acostumbran bastante líderes religiosos contra todo lo que consideren ajeno a su código. La consigna no procede de un país políticamente subdesarrollado en el que el derecho de asociación esté en peligro. Es Oviedo la ciudad que tiene el dudoso honor de contar con un miembro del gobierno local con larga trayectoria parlamentaria que se atreve a proclamar qué asociaciones deben o no existir, requiriendo que desaparezca una de las que por su solvencia y combatividad le resulta incómoda, en este caso la Unión de Consumidores de Asturias (UCE).

En los países de tradición democrática más asentada una exigencia tan improcedente, desabrida, autoritaria y esencialmente reaccionaria motivaría la inmediata descalificación del responsable para todo cometido público. En Oviedo, sin embargo, parecen salir gratis esta clase de invectivas contra los colectivos ciudadanos que no pasan por el aro; tanto que en el equipo de Gobierno han dividido los papeles para que algunos de sus integrantes tengan entre sus quehaceres principales otorgar certificados de afección al régimen, insultando periódicamente a personas o entidades que se destaquen por su independencia o que cuestionen abiertamente la dirección municipal. Ya son unos cuantos los que se suman a la lista negra local, en la que parecen rotar periódicamente los nombres y en la que, incluso, de vez en cuando aparecen antiguos aliados del Gobierno local.

En el caso de la UCE es sencillamente rastrero someter a una entidad acreditada por su rigor al vilipendio gratuito. Por un lado, significa desconocer que la UCE ha estado ya en mil batallas en todos estos años, confrontando con intereses políticos y económicos de todo tipo y orientación, tratando de conseguir que los derechos de los ciudadanos en el mercado, en su faceta de consumidores y usuarios, fuesen tenidos en cuenta. Supone, además, despreciar el hecho de que es la entidad que en Asturias –y con diferencia- más activamente defiende los intereses individuales de numerosas personas en asuntos particulares en los que, en muchas ocasiones, se encuentran desprotegidos ante empresas de envergadura a veces nada concienciadas acerca del respeto a los derechos de los consumidores y usuarios. Y, lo más importante, por mucho que uno pueda discrepar de las decisiones que una entidad como ésta adopte o las estrategias que emprenda frente al desbarajuste municipal en el área de consumo, en ningún caso cabe pedir poco menos que la muerte civil de esta asociación o describir ensoñaciones conspiranoicas en las que la UCE aparecía perversamente aliada ¡con la Fiscalía! para dar un escarmiento a una antigua concejala… Pero hasta ahí han llegado con su maniobra de castigo por tener la osadía de dar la cara.

Por suerte, no le corresponde al gobierno local autorizar o legalizar a una asociación y además este derecho constitucional cuenta, todavía, con garantías suficientes en España. Pero inquieta que la fea táctica de separar entre buenos y malos ciudadanos o colectivos, a la que acostumbran, salga indemne una vez más, pese a que este estilo político cada vez aflora con mayor agresividad.

Publicado en Oviedo Diario, 7 de enero de 2011

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22.1.12

¿POR QUE NO IMPULSAN LA APERTURA DEL HUCA?


Durante años una de las controversias políticas de referencia en el Principado de Asturias y en la ciudad de Oviedo fue el futuro del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Pese a ciertas resistencias y tras prolongados debates, finalmente cristalizó el convencimiento mayoritario de que era necesario sustituir la constelación de edificios que ocupan buena parte del barrio de El Cristo – Buenavista por un nuevo complejo diseñado con criterios de funcionalidad. El sumatorio de construcciones correspondientes a instituciones sanitarias de diferente procedencia, levantadas en un periodo similar (duplicando gastos y empeños, para que luego se hable de la supuesta eficacia superior del modelo territorial anterior al autonómico) y que acabaron convergiendo en el actual HUCA, dejaría paso a un moderno hospital, preparado para los avances tecnológicos, convertido en referencia de un sistema sanitario público de altas prestaciones y cuya concepción permitiría ahorros futuros en materia de gasto corriente. El impulso a la construcción del nuevo HUCA resultó una de las decisiones más significativas del nuevo periodo de gestión de las competencias de atención sanitaria tras su transferencia al Principado de Asturias. Nuestra capacidad de autogobierno se empleó para reforzar un servicio público esencial al acometer una inversión cuya envergadura requería un esfuerzo financiero y de gestión sobresaliente.

De aquel proceso, por lo que ahora se ve, algunos refractarios, obstinados en negar la posibilidad de erigir el nuevo HUCA, han conservado heridas que aún afloran en perjuicio de todos, a tenor de la actitud exhibida por quienes han asumido la dirección de la Administración del Principado de Asturias. Que por los actuales responsables se baraje como fecha de apertura del nuevo HUCA la segunda mitad de 2013, sin argumentos convincentes sobre el motivo de tal retraso más allá de su evidente desconfianza hacia la gestación del proyecto, es prueba inequívoca de un irreflexivo desprecio al trabajo de sus predecesores, que en nada ayuda a culminar iniciativas cuya importancia supera las rivalidades de corto vuelo y que no se detiene analizar qué efectos negativos comporta tal decisión. Representa además, una renuncia a cumplir la legítima expectativa de los ciudadanos, que son plenamente conscientes de la importancia de este equipamiento y que desean contar con servicios hospitalarios de calidad. E, incluso, introduce importante incertidumbres sobre el futuro del nuevo HUCA, pues, como se encarga de recordarles con acierto la Diputada socialista Pilar Alonso, mientras no se proceda a equiparlo y ponerlo en funcionamiento se asume un coste de oportunidad considerable, con instalaciones pendientes de estrenar que se encuentran vacías y con el actual Hospital padeciendo deficiencias crecientes.

A la estupefacción que generan las decisiones del Gobierno autonómico se suma la ceremonia de la confusión que pretenden organizar para justificar su falta de apuesta por el nuevo HUCA. Primero insinuando, prácticamente, que no nos podemos permitir un nuevo Hospital, revelando que no está entre sus prioridades y, sobre todo, que poco les importa que la obra civil sea ya una realidad incontestable. Después, jugando imprudentemente con los datos sobre su coste, para ofrecer cifras disparatadas que no resisten un análisis pormenorizado, como el contenido en el extenso reportaje publicado en La Voz de Asturias el 18 de diciembre.

El interés de los actuales responsables de la Administración sanitaria no es realizar un análisis sereno que complete el exhaustivo seguimiento que la Junta General ya desarrolló en la pasada Legislatura, en la que nuestro parlamento examinó con lupa todos los pasos, contrataciones e incidencias. Al contrario, lo que se quiere, con la marca de la casa del actual Gobierno, es aumentar el ruido y el desconcierto que impida ver con claridad su pretensión de postergar, cuando menos, la puesta en marcha de este equipamiento y el refuerzo de la sanidad pública que conllevaría.

Publicado en La Voz de Asturias, 21 de diciembre de 2012.

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29.12.11

INEVITABLE SENTIR SIMPATÍA

Desde la irrupción del movimiento 15-M o los comúnmente denominados “indignados”, aunque sigo con interés sus actividades pocas veces me he sentido identificado con su estrategia y a veces dudo si realmente tienen alguna. Una cosa es alzar la voz, recoger la legítima inquietud de la gente por las amenazas que se ciernen e incluso cuestionar de raíz algunos principios de nuestro sistema económico y político que a veces damos por asumidos acríticamente. Otra cosa bien diferente es tratar a todas las opciones políticas por igual, despreciar de plano la democracia representativa, abusar de la consigna simpática hasta caer en la demagogia o, lo peor, desconocer que en el contexto actual la pérdida de fuerza de los partidos políticos progresistas o los sindicatos de clase –a los que desdeñan- está viéndose agravada por el efecto disgregador de su movimiento, favoreciendo que el campo quede expedito para la involución que se avecina. Si los vaticinios se cumplen, los que ahora claman acusando a unos y otros de ser iguales comprobarán con toda su crudeza que no es así, incluso en términos de respeto a sus protestas o en cuanto al grado de presión policial que se aplique.

Lo que no se puede negar, no obstante, es la capacidad de la gente movilizada desde el 15-M para desarrollar iniciativas que capten la atención, quebrando esta terrible sensación de falta de respuestas ante algunas injusticias que nos irritan pero a las que la mayoría acabamos lamentablemente por acostumbrarnos. En nuestra ciudad tenemos ahora un ejemplo bien cercano, con la ocupación del edificio de la antigua Consejería de Salud en la calle General Elorza. Poniéndonos en plan institucional y un poco biempensante, puede esgrimirse que yerran los indignados porque la empresa propietaria del inmueble ocupado (SEDES) es una empresa pública que, precisamente, esta amenazada de privatización por el Gobierno del Principado de Asturias y que ha sido un instrumento útil para llevar a cabo algunos proyectos en materia de equipamientos públicos; excluyo su participación indirecta en la denominada “operación de los Palacios” con la permuta de las alas del Calatrava, aspecto donde me encuentro más cercano a los críticos de tal implicación que a los defensores. Puestos a escoger en Oviedo edificios o espacios a reivindicar mediante la ocupación, se me ocurren otros ejemplos de menoscabo del interés público que quizá resultasen más oportunos. Pero, yendo al corazón del asunto, la primera verdad que en este caso sale al encuentro es que un equipamiento que estaba destinado al servicio público hasta hace unos años, sobre el que la Asociación de Vecinos “Fuente Pando” de Pumarín venía justamente reivindicando que se le diese una utilidad social y sobre el que se planeaba su derribo para uso residencial (sin que se tratase de vivienda de protección), está siendo reivindicado por la fuerza de los hechos –a veces no queda otra- con un acto que tiene, sobre todo, mucho de simbólico y de demostración de que algunos actos individuales de inconformismo tienen sobrada justificación.

Por eso, cuando estos días paso delante del edificio me trago otros razonamientos y no puedo evitar pensar que, frente a la resignación, y con todos los errores que se quiera –algunos de bulto- al menos esta gente tiene valor para ponernos frente a las narices un gesto de rebeldía.

Publicado en Oviedo Diario, 19 de noviembre de 2011.

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12.10.11

DESENLACE PREVISIBLE EN LA “OPERACIÓN DE LOS PALACIOS”

No era necesario ser Nostradamus para anticipar que la llamada operación de los Palacios, que ejemplifica un modelo de gestión local fracasado y que marcó buena parte del debate político municipal en la pasada década, iba a acabar como el rosario de la aurora. Un repaso a la hemeroteca nos permite analizar el cúmulo de despropósitos, incapacidades, apaños, compadreos indecorosos y desprecios al interés público que han jalonado este largo proceso desde que se anunció la utilización de un contrato de concesión de obra pública para la construcción de un Palacio de Congresos y Exposiciones en Buenavista y un Palacio de las Artes en el Vasco, hasta el momento actual, en el que nos aproximamos al punto de destino de esta pequeña historia local plagada de miserias.

Aunque trate de mirarse con indulgencia, el balance de la operación es desolador. En la parcela del antiguo estadio Carlos Tartiere la ciudad cuenta con un edificio envejecido prematuramente y que no goza precisamente del favor popular. Para el común de los mortales y para los entendidos –salvo para algunos iluminados o interesados- todo lo imponente del complejo se diluye al chocar brutalmente con el entorno y al perder la originalidad, porque contar con un edificio firmado por Calatrava ya no es rasgo exclusivo de ciudades selectas. Por si fuera poco, contemplamos como el proceso de construcción ha deparado un mar de pleitos que, al menos, nos permiten conocer la temeridad generalizada en el proceder de muchos de los implicados en este proyecto. El resultado global no ha quedado marcado por el fulgor del blanco Calatrava sino por el velo de desatinos que lo rodea, por un una visera inmóvil, un sistema hidráulico para erguirla que hasta ahora es inútil, un diseño flagrantemente antifuncional, unos elementos decorativos exteriores que no pasaron del dibujo, unos edificios administrativos anexos que desagradan a funcionarios y usuarios, un centro comercial con un buen número de locales vacíos y, en suma, por una desdichada aventura que nos ha legado un recinto de congresos privatizado pero incapaz de funcionar sin la respiración asistida de las –cada vez más insostenibles- subvenciones públicas y unas oficinas laterales que sólo pudieron salir adelante con su adquisición por la Administración.

En la parcela del Vasco nos encontramos con una versión corregida y aumentada del asalto al interés público que ha predominado en la operación. Cualquier ciudadano informado y consciente no podrá evitar rechinar los dientes al pasar por la acera de la calle Víctor Chavarri (la única que no lleva años ocupada por la obra) y comprobar como en un suelo que era de titularidad pública y que estaba destinado a dar servicio a todos los ciudadanos con nuevos equipamientos acaba convertido en suelo residencial privado en el que se están construyendo, a buen ritmo, lo único que algunos son capaces de hacer con rapidez: pisos (que en este caso no serán viviendas protegidas, precisamente). Ahí está el valor añadido aportado a la mejor parcela disponible del centro de la ciudad, que se escurrió del patrimonio municipal sin contraprestación equivalente por su enajenación y sin que ya nadie se acuerde de hacer valer los compromisos de la relación contractual entre el Ayuntamiento y empresa beneficiaria.

Es cierto que los ciudadanos estábamos avisados y que no fuimos capaces de generar, colectivamente, la presión adecuada para revertir la peligrosa tendencia. Desde el primer momento algunas voces advirtieron de los riesgos que comportaba el modelo de gestión que concentraba en un mismo contrato las actuaciones del Vasco y Buenavista. Cuando todo eran parabienes al espíritu emprendedor de quien asumía este reto desde el sector privado, una minoría política y social de esta ciudad nos empeñamos en resaltar los peligros para el interés público que acechaban y que se fueron confirmando con las modificaciones del contrato –hasta hacerlo irreconocible-, la disminución de los bienes que quedarían bajo titularidad municipal, la engañosa enajenación de la parcela del Vasco y el fracaso de los sucesivos proyectos para ésta.

Que ahora, tanto el interés público local como el de la empresa que acometió este proyecto se resientan severamente por una operación que está resultando económica y socialmente ruinosa, no es ninguna sorpresa y no cabe sólo imputarlo al contexto de crisis. Que el tiempo nos esté dando la razón a los escépticos con esta operación tampoco es ningún consuelo.

Publicado en Oviedo Diario, 1 de octubre de 2011.

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14.7.11

PUNTO Y SEGUIDO EN EL CULEBRÓN DE VILLA MAGDALENA

Con la Sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 2 que anula el Convenio con el que el Ayuntamiento de Oviedo pretendía enjugar la deuda derivada de la expropiación de Villa Magdalena, no se cierra, ni mucho menos, este larga historia, plagada de desafueros. En el mejor de los casos la decisión judicial aleja los riesgos para la integridad del Campo San Francisco –lo que no es poco-; constituye un rapapolvo a la forma de proceder que ha marcado la actuación del Alcalde, carente de la más elemental prudencia; y deja en palabrería las declaraciones altisonantes realizadas por el Gobierno local en todos estos meses en defensa del Convenio, que contrastan con la rapidez que ahora le ha llevado a no recurrir la Sentencia y a proponer allanarse en el resto de contenciosos pendientes (tarea para la que, por cierto, se hubiera bastado y sobrado la Abogacía Consistorial, haciendo innecesario recurrir a profesionales externos).
En el minuto cero de esta segunda parte nos encontramos con una cruda realidad que no es posible obviar, si se quiere actuar con diligencia, ya que la deuda (aún indeterminada) que se derive de la retasación de Villa Magdalena instada en marzo de 2007 sigue pendiendo amenazante sobre los intereses municipales. No sobra recordarlo, porque la empresa expropiada, aunque haya perdido las oportunidades de negocio y enriquecimiento que comportaba el Convenio, sigue teniendo, en buena medida, la sartén por el mango: persiste su derecho a la retasación, hasta ahora avalado judicialmente; las circunstancias a considerar en la nueva valoración son las del momento en que ésta se instó; y, aunque se entendiese (lo que es discutible) que la empresa ya no puede invocar su valoración de 63 millones de euros y ha quedado vinculada por la valoración acordada en el Convenio anulado, ésta asciende a la considerable cifra de 29,5 millones de euros, es decir, una cantidad 12 millones de euros superior a la ya pagada por el justiprecio inicial y los intereses abonados. Para echarse a temblar.
Así las cosas, no tiene mucho sentido aferrarse únicamente a una genérica invocación –la que hacen FAC e IU- de las responsabilidades de los causantes del desaguisado, sin plantear nada más. Claro que el Ayuntamiento tendrá que ejercer acciones para desentrañar quién es el causante de que no se consignase en 1998 (y en lo sucesivo hasta el momento en que se instó la retasación) el justiprecio expropiatorio que se recurrió judicialmente; y claro que todo apunta a los sucesivos responsables de Economía y al propio Alcalde que desoyeron los informes de diferentes funcionarios y los llamamientos de PSOE e IU. Además los tres grupos municipales de la oposición podrán instar esta vía en el propio Pleno de la Corporación. Pero, entre tanto, la empresa expropiada puede ejercer sus pretensiones frente al Ayuntamiento de Oviedo, y esto nos afecta a todos porque está en juego, y de qué manera, el interés público. Por eso, no sólo toca reclamar responsabilidades sino, como ha planteado la concejala socialista Margarita Vega, ponerse manos a la obra para intentar evitar que se cause un nuevo quebranto a las arcas y al patrimonio municipal y para impedir que se legue a las generaciones venideras este grave problema, que venimos arrastrando penosamente desde hace varios lustros.



Publicado en Oviedo Diario, 9 de julio de 2011.

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