Blog de artículos publicados en medios de comunicación.

27.4.14

Y EN OVIEDO TAMBIÉN


Vaya nivelazo el de Foro Asturias, que ha emprendido una cruzada contra la trama que, según acusan, ha urdido el Alcalde para acabar con la Concejala Belén Arganza tras el conocido incidente de estos días. Me parece perfecto que Foro pida explicaciones sobre la actuación de la Policía Local y las presuntas filtraciones del desagradable episodio en el que la Sra. Arganza se ha visto envuelta; en su derecho a obtenerlas están. Pero elevarlo a la altura del Watergate es como poco chocante y la versión conspiranoica de las cosas –que cada vez se extiende a más materias, desde las más serias a las casi triviales- tiene poco de verosímil y bastante de desvergüenza.
No creo que la Sra. Arganza ni el propio Grupo Municipal de Foro (o lo que queda de él) sean tan peligrosos para las aspiraciones del PP de conservar la Alcaldía; no hay más que ver el decepcionante estilo de oposición que han desplegado en este mandato, entre desorientado y crispado, y desde luego con un mensaje imposible de identificar por una ciudadanía sorprendida. Pero a cuenta del espectáculo, la verdad es que aquellos a los que nos interesa la vida política municipal no salimos de nuestro asombro, por la mezcla de ridículo, estridencia y agresividad que jalona la defensa política de la Sra. Arganza: cutrez en estado puro.
Si la parte cómica tiene poca gracia, la trágica resultante directamente indignante. Convertir en víctima a quien, según las declaraciones del injuriado, tiene el gatillo fácil para el insulto racista y el abuso de poder, es bastante impresentable. La desinhibición que provoca ir con dos copas de más y hacer alguna tontería puede ser un atenuante y serán pocos los que estén libres de haber caído en alguna mezquindad de ese tipo. Pero, al menos a posteriori, una excusa pública (no digo ya la dimisión) es lo mínimo que se puede pedir, para, por lo menos, no provocar que los representados nos sintamos avergonzados de comportamientos de representantes públicos que, además de meter la pata, parecen derrochar absurda arrogancia por ello.
Por cierto, llamar “sudaca” como parece que hizo la Concejala, está demodé; no olvidemos que los que emigramos somos ahora los trabajadores españoles, muchos de ellos a Sudamérica, continente en franco progreso social, político, económico y cultural mientras Europa languidece. Por cierto que, replicando la odiosa y estúpida superioridad de quien se alegra de la dificultad ajena, o la desconfianza hacia el recién llegado, los equivalentes a la Sra. Arganza al otro lado del charco comienzan a popularizar el calificativo de “euracas”. Espero que la epidemia no cunda.
Y, que una concejala de la oposición amenace con la deportación a un extranjero, además de una soberana tontería para quienes algo sabemos de Derecho de Extranjería y una exhibición de maldad a ojos de cualquiera, es brutalmente grotesco; tanto que, salvo públicas excusas o desmentido, le inhabilita políticamente. Por suerte, si el sufrido vecino estaba un poco informado, poco le habrá importado escuchar a la Sra. Arganza, como en el chiste de Chiquito de la Calzada, decir aquello de “usted se calla que usted no sabe quién soy yo”. Parafraseando a Chiquito -que debería teorizar sobre este affaire- ¿no sabe la Sra. Arganza que un concejal de Cuenca es un mojón?

Publicado en Asturias Diario, 5 de abril de 2014.

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16.11.13

LEONARDA

Tiene quince años. Se expresa con claridad y convicción, como hemos podido comprobar en sus declaraciones. Vivía en Levier (Doubs, Franco Condado), estudiaba en el liceo André Malraux y, siguiendo el mensaje de la gran novela homónima del polifacético escritor y político francés, albergaba la esperanza de que una lucha personal y colectiva le redimiese ante las dificultades que su condición le deparaba. Adolescente, con pocos recursos, gitana e inmigrante, con todas las papeletas para sufrir más penalidades de las que pudiese aguantar. Aun así, por su forma de hablar, de explicar lo que le ha sucedido, de apelar a los valores más elevados de la Francia republicana; y, sobre todo, por su fuerte determinación, es posible aventurar que Leonarda Dibrani iba a aprovechar las pocas oportunidades que la vida le brindase.
            Cuando se llevaron a Leonarda del autobús en el que viajaba en una excursión escolar, las autoridades francesas franquearon varios límites de los que será muy difícil regresar. Violaron el santuario escolar –porque de la actividad de un liceo se trataba- en el que una regla no escrita pero netamente civilizadora indica que salvo necesidad imperiosa las fuerzas de seguridad no deben actuar, y menos para detener a una menor de edad y apartarla de su carrera académica para deportarla. Emularon las humillaciones a las que las minorías que en el mundo han sido resultan sometidas desde siempre: escogidos de entre la fila, seleccionados para la depuración, llamados para ser bajados del autobús y olvidar otro destino que no sea el de la marginación y el desprecio. Se entregaron a satisfacer la irrefrenable ansia de represión y exclusión que alimenta en los últimos años la xenofobia rampante de una Europa desnortada. Y, peor aún, relegaron cualquier consideración humanitaria sobre Leonarda y su familia, expulsados a Kósovo, pese a las dudas sobre su verdadero origen y sus peticiones de asilo; sin considerar la inapelable integración de la menor en la Francia a la que, se quiera o no, ya pertenecía; y sin tener en cuenta que en Kósovo la población romaní, en particular desde la guerra y secesión de facto de Serbia, es víctima de fuertes discriminaciones y hostigamiento.
            Veremos como acaba su historia, ahora que el Gobierno de Hollande, amedrentado por el auge del Frente Nacional, atenazado por su incapacidad para ofrecer alternativas a un modelo en crisis, pero también presionado por las valientes manifestaciones de solidaridad de los estudiantes franceses (siempre acuden cuando una noble causa les invoca), ha abierto la puerta al retorno de Leonarda. Ella, sin embargo, con todo el sentido común, apela a su derecho a vivir junto a su familia y no quiere regresar sin ella.

            Si no hay una brizna de humanidad y cordura que permita a Leonarda recuperar sus sueños; si para tratar de apaciguar –con poco éxito, seguro- a la bestia del racismo y el temor al extranjero, se sigue por esta pendiente, ¿qué será lo siguiente? Quizá llevar a cabo redadas de detenciones y deportaciones masivas y televisadas, al estilo Putin. O reemprender sin tapujos la vieja estrategia de culpabilización al diferente para justificar la crisis y sus padecimientos. O asumir veladamente, de forma consciente o llevados por la corriente, la agenda del triunfante populismo europeo al que se dice combatir.

Publicado en Fusión Asturias, noviembre de 2013.

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