Blog de artículos publicados en medios de comunicación.

7.4.14

TRACA FINAL EN LA OPERACIÓN DE LOS PALACIOS

¿Servirá de algo la comisión de investigación creada en el Ayuntamiento de Oviedo para revisar la llamada “Operación de los Palacios”? Seguramente aportará algo de pimienta a la vida política municipal, poblará de declaraciones acusatorias las páginas de la sección local durante los próximos meses y, sobre todo, pondrá a prueba este particular mecanismo de control hasta ahora inédito en la historia local. Me parece legítimo y positivo que se ponga en marcha esta comisión, sin duda muestra de la singularidad de este mandato en el que la pérdida de la mayoría absoluta del PP ha ayudado bastante a regenerar la actividad institucional, aunque siga lejos del estándar de transparencia y participación que sería deseable. Y además hay materia suficiente que analizar, si se trata de desentrañar la deriva y los errores políticos e institucionales que motivaron que el interés público quedase reiteradamente subordinado a las ambiciones y la megalomanía de los protagonistas: el Alcalde-Ingeniero -decíase-, el Arquitecto estrella hoy caído en desgracia, los empresarios con poca mesura y otros actores secundarios. 
No obstante soy tremendamente escéptico porque partimos de varios condicionantes, me temo que determinantes. Por un lado, la tradición española en materia de comisiones de investigación no es precisamente edificante, reduciéndose a crear un escenario de mayor atención sobre un tema polémico en el que básicamente se reproducen los planteamientos ya conocidos, obteniendo apenas algunos datos o perspectivas adicionales de los comparecientes; muy lejos, en definitiva, del espíritu constructivo, de búsqueda de conclusiones útiles y de identificación de los fallos cometidos que debería presidir esta clase de iniciativas. Incesablemente se confunde, además, el trabajo de una comisión de esta naturaleza con una suerte de tribunal popular, con acusación y defensa y sobrerrepresentación gestual y retórica; a veces con excesos verdaderamente penosos, como llamar a sede parlamentaria (lo vimos en las comisiones del Niemeyer y del Caso Marea en la Junta General) a empleados sin responsabilidades significativas o hacer pasar por un remedo de pena de banquillo al adversario político. De ahí la lamentable pérdida de formas y de respeto de algunos comparecientes que encuentra el terreno abonado por el exceso de oportunismo ajeno. 
Por otro lado, en el caso que nos ocupa la comisión llega cuando lo que queda de la “Operación de los Palacios” es, como quien dice, las sobras de la fiesta, cuyo pastel se le ha atragantado a los patrocinadores de la genialidad. No diré los escombros porque el edificio de Buenavista de momento sigue entero, aunque envejecido prematuramente (¡y sucio!), con su terrible falta de funcionalidad a flor de piel. Pero era otro el momento de cuestionar a fondo el tipo de contratación administrativa y sus cambios, el urbanismo a la carta, los apoyos públicos irreflexivamente otorgados, la idoneidad del diseño, la propia necesidad de los equipamientos, la protección del patrimonio público y, sobre todo, el destino de dos parcelas públicas que eran importantísimas para el futuro de la ciudad y que en buena medida se han malogrado. Ahora es aparentemente fácil hacer astillas del árbol caído cuando el grado de responsabilidad nos alcanza a todos o casi todos –ciudadanía incluida-, por acción, por omisión y quizá por reparo a criticar abiertamente cuando el aplauso era casi unánime. 
El triste destino de esta aventura es el de un Palacio de Congresos pretencioso, infrautilizado y con visera inmóvil; un centro comercial medio vacío; unos pisos de lujo sin comprador ni remate; una empresa promotora en liquidación cuyos impulsores maldecirán el día que aspiraron a la grandeza urbanística; unos poderes públicos que posibilitaron o toleraron el descalabro. Y, como función final, una comisión de investigación municipal. Ojalá sirva para hacer examen de conciencia y autocrítica colectiva: mucho pido.

Publicado en Asturias Diario, 1 de marzo de 2014.

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22.4.12

LA DEBILIDAD DEL ALCALDE


Otra vez intenta General Dynamics, propietaria de Santa Bárbara Sistemas, cerrar la Fábrica de Armas de La Vega, objetivo que ya ha intentado en varias ocasiones desde que en 2001 se hiciese con el control de la empresa. Nuevamente se esgrime por parte de la firma la mayor eficiencia y el ahorro que comportaría unificar la producción en Trubia, pero a la vista de los precedentes casi nadie se fía del compromiso de la multinacional norteamericana con la continuidad de las líneas de producción, el empleo y la actividad, de ahí que, al igual que en el pasado, la práctica unanimidad de los interesados, incluyendo todas las fuerzas políticas asturianas (con distintos grados de coherencia e intensidad) sumen sus voces para evitar el cierre.
Aunque la empresa ya no esté bajo el control público    –lo que no ha garantizado su futuro, precisamente- parece difícil que desde el Ministerio de Defensa, su principal cliente, no conozcan ni avalen el cierre de La Vega y la integración de las dos fábricas; de hecho las informaciones conocidas estos días, aunque ninguna por boca de altos responsables del Ministerio, apuntan en la dirección de respaldar directamente el traslado. De esta forma, entre los defensores del mantenimiento diferenciado delas dos factorías surge el primer y principal motivo de preocupación, porque sólo con una posición clara del Gobierno de España, que acoja las inquietudes expresadas, se podría ejercer la presión suficiente para evitar que más de dos siglos de industria militar en la ciudad de Oviedo tengan su punto final.
La contradicción parece, por lo tanto, evidente. Mientras el Alcalde de Oviedo se suma, aparentemente sin fisuras, a las posiciones contrarias al cierre, desde el Gobierno de España regido por su mismo partido se da vía libre a la operación, quizá con la pretensión añadida de obtener rendimientos por los activos inmobiliarios liberados, aunque no sea éste el mejor momento para ello. Además, el perfil del Ministro, hasta su nombramiento directivo de la industria militar, no parece el mejor para tratar de poner condiciones o límites a las decisiones de General Dynamics.
Si no se detiene la pretensión de cerrar La Vega y si la respuesta institucional, social y política no tiene la entidad suficiente, el resultado arrojará enorme incertidumbre sobre el futuro de este sector en el municipio y conducirá a una drástica disminución del crédito del reciente Alcalde, porque en el actual escenario a él antes que a nadie corresponde realizar las gestiones internas más importantes para que el Gobierno estatal valore los otros elementos en juego. Incluso si se ofrecen ciertas garantías sobre las condiciones del traslado, que ya veríamos si son creíbles o no, el Alcalde saldría damnificado de este trance porque lo que ya nos ha quedado claro es que o no le consultaron –pese a ser conocida la posición del Ayuntamiento en los episodios anteriores- o si lo hicieron suopinión fue manifiestamente despreciada.

A este Alcalde de Oviedo hay que reconocerle las inesperadas diferencias de estilo, a lo que también obliga la distribución de fuerzas en el Consistorio, y la superior capacidad reflexiva y de trabajo respecto a la decadencia del anterior, pero eso sólo no es suficiente, e incluso vale para poco, cuando en los momentos críticos, por el motivo que sea, su voz es apenas una más entre otras, sin cualificación ni peso político suficiente para hacer valer los intereses de la ciudad en los foros que corresponda con una cierta capacidad de influencia. En esta partida se juega mucho, porque o trata de pintar algo en las decisiones estratégicas del PP que conciernen a la propia ciudad que gobierna o pasará a una posición marginal tanto para ésta como para otras cuestiones, incluyendo las que se plantearían en el futuro inmediato sobre la titularidad y destino de los terrenos de la fábrica, si está es finalmente desplazada. Y no creo yo que le apetezca blandir ahora el manido –y sesgado- cerco a Oviedo por el Gobierno estatal ahora que los dos son del mismo signo político.


Publicado en La Voz de Asturias, 17 de abril de 2012.

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