EN DEFENSA DE LA PROCURADORA GENERAL
Publicado en Oviedo Diario, 21 de julio de 2012
Etiquetas: Asturias, autogobierno, Comunidades Autónomas, crisis, Defensor del Pueblo, derechos humanos, Procuradora General, recortes
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Emerge el inconfundible aroma de la cutrez proveniente de todo lo que rodea a la carrera de Cataluña y Madrid por mostrar sus encantos y acomodar la legislación al gusto del magnate de los casinos, para que éste decida con su providencial dedo dónde instalará el macroproyecto Eurovegas. Años parloteando y elucubrando sobre el marco regulatorio de determinadas actividades económicas, el modelo de fiscalidad, la gestión del territorio, las relaciones laborales, etc. y con la aparición del primer encantador de serpientes en época de zozobra podemos enviar al cubo de reciclaje todos los tratados escritos. Si se establece cualquier clase de acuerdo entre Sheldon Adelson y las autoridades estatales, autonómicas y locales destinado a servirle en bandeja las facilidades exigidas para que aterrice con sus excavadoras y tragaperras, sólo el ejercicio de la acción pública en defensa de los intereses generales y la intervención de la justicia podrá evitar que tamaña monstruosidad se trate de llevar a cabo.
Lo que pide el potentado es que se aplique a sus negocios un régimen excepcional en el que pueda sustraerse a determinadas obligaciones en materia de derechos laborales, regulación del juego o salud pública, que se le exima temporalmente de tributos y cuotas de seguridad social, que se le reconozcan ventajas fiscales específicas, que se modifiquen las normas urbanísticas a su gusto para poder edificar rascacielos y evitar cesiones obligatorias de suelo, en definitiva, que se cree una zona franca –casi un moderno señorío- donde no impere la misma ley que en el resto del territorio, todo para acoger una industria de ocio no precisamente sublimador de los espíritus.
Los gobiernos de Madrid y Cataluña, que se llenan la boca –especialmente el primero- hablando de la importancia de una competencia libre y no falseada, de una arcadia liberal en la que la sabia mano invisible del mercado moldea un orden natural perfecto, han corrido veloces a ofrecerle un régimen singularizado, disfrazado de toda la gama de eufemismos disponibles, demostrando que el capitalismo de amiguetes del que nos habla Stiglitz impone sus reglas a todos los niveles. Supongo que el Consejero de Territorio y Sostenibilidad catalán, jefe de la delegación que acudió a rendir pleitesía al prócer, sugeriría la eliminación de la segunda parte de su cargo, porque el proyecto no parece muy sostenible, ni económica ni medioambientalmente; y el Consejero de Economía y Hacienda madrileño habrá hecho buenas migas compartiendo su extremismo neocon –procede de FAES- con el ideario de Adelson, ferviente republicano y financiador de la campaña de Newt Gingrich. Por cierto, ahora que felizmente se pone encima de la mesa el debate sobre el nivel de transparencia exigible legalmente a los poderes públicos, es significativo el grado de reserva de los negociadores cuándo de concretar las obligaciones asumidas y las modificaciones de normativa ad hoc comprometidas se trata.
Se ve que en España aprendemos poco de nuestros errores. Parecía extendida la convicción de que el origen de la actual crisis tenía mucho que ver con el modelo de desarrollo económico, con la apuesta por proyectos milagrosos que convertían secarrales en fantásticas urbanizaciones y que sacaban de la nada paraísos del kitsch al estilo Marina d´Or. Sin embargo, al olor de las sardinas el gato de la especulación ha resucitado y encima está dispuesto a exigir medidas inéditas por el trato preferente que comportan, ofreciéndonos a cambio el cinematográfico Pottersville como quimera a la que, pobres mortales, podemos aspirar. A lo que se añade, cuando uno comprueba la falta de respeto por las propias leyes, el escaso orgullo que nos queda, ese del que también, en clave nacional -cada uno el suyo- exhiben pomposamente el PP y CiU, cuyos representantes pugnan ferozmente por recibir con collares de flores al “emprendedor” Sheldon.
Publicado en La Voz de Asturias, 10 de abril de 2012.
Etiquetas: capitalismo, CiU, competencia económica, Comunidades Autónomas, especulación, Eurovegas, PP

La singularidad del proceso electoral que afrontamos en Asturias sirve también para poner a prueba la situación de nuestro sistema político e institucional de autogobierno. Ante un escenario en el que el resultado de los comicios de 2011 y, sobre todo, la incapacidad de FAC y PP para alcanzar acuerdos que permitiesen la gobernabilidad de la Comunidad han desembocado en la disolución de la Junta General como única forma de resolver la encrucijada, nos encontramos ante el primer proceso electoral desacompasado del de resto de Comunidades, organizado íntegramente por nuestra Administración y en el que la arena política es exclusivamente regional, aunque esté influenciada –como no puede ser de otra manera- por los vientos agitados que vienen de otros ámbitos políticos.
Es fundamental que las elecciones del 25 de marzo sirvan para resolver esta situación, porque recurrir a su convocatoria, si bien es una opción perfectamente legítima y prevista en nuestro Estatuto para este fin, ha vuelto a situar a Asturias como Comunidad caracterizada por una vida institucional accidentada y difícil, repitiendo, con algunos protagonistas comunes, la inestabilidad de la anterior crisis del PP de los años 1998-1999. Proyectar la sensación de ingobernabilidad y de inestabilidad permanente desde luego no ayuda a mejorar la imagen de nuestra Comunidad ni la confianza de los ciudadanos en sus instituciones de autogobierno. Necesariamente habrá que atribuir tal responsabilidad, de forma prioritaria, a los partidos, PP y FAC, que han incubado con mimo esta crisis durante años y al Presidente del Principado de Asturias, que tenía hasta ahora la obligación de buscar apoyos parlamentarios y renunció desde el primer minuto a acometer esta tarea.
Una vez llamados a decidir con su voto, es fundamental evitar que cunda cierta sensación de hastío o indolencia entre los ciudadanos, porque llegados a este punto no hay otra alternativa para cada asturiano con derecho de sufragio que comprometerse en la resolución de la crisis política de la Comunidad, al menos con su participación en las elecciones. Además, será presupuesto necesario para mejorar la situación socioeconómica que nuestras estructuras de autogobierno estén en condiciones de dar respuesta a los problemas de este momento de dificultades y que no se encuentren paralizadas ni un minuto más. Recordemos que una parte muy significativa de los servicios públicos más relevantes son gestionados por la Comunidad Autónoma y que las políticas de promoción económica que puede desarrollar son determinantes para que muchos proyectos salgan adelante.
Por eso, la limitada celebración de actos de campaña y la menor intensidad de difusión de materiales de propaganda por los partidos concurrentes, forzada por las estrecheces económicas y por el deseo de no abrumar al electorado al tratarse de la tercera convocatoria en 10 meses, no debería crear en los asturianos la sensación de que estas elecciones tienen un perfil bajo o una importancia menor. Al contrario, del grado de participación de la ciudadanía, de su implicación la salida al bloqueo político de estos meses, de su interiorización de la importancia de su papel como fundamento último del autogobierno, dependerá en buena medida que el engranaje de nuestras instituciones autonómicas, limpio de arena, vuelva a funcionar.
Publicado en La Voz de Asturias, 13 de marzo de 2012.
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La convocatoria de Elecciones a la Junta General del Principado de Asturias para el próximo 25 de marzo constituye una experiencia inédita en la trayectoria de nuestra Comunidad Autónoma y es igualmente original en el conjunto del Estado de las Autonomías. Hasta ahora, las Comunidades en cuyos Estatutos, desde la oleada de reformas autonómicas de 1998 y 1999, se contemplan únicamente posibilidades limitadas de disolución anticipada de la asamblea legislativa, no habían asistido al uso de esta facultad atribuida al Presidente, con la excepción patológica de la Comunidad de Madrid en 2003, tras la situación provocada por el episodio de transfuguismo de dos diputados, antesala de la primera mayoría absoluta de Esperanza Aguirre. Tampoco hemos asistido, por el momento, a situaciones similares en las otras Comunidades Autónomas que en las reformas estatutarias más recientes, equiparándose al régimen institucional de las Comunidades que accedieron a la Autonomía por vía rápida, han ampliado esta posibilidad de convocatoria electoral anticipada sin que el parlamento saliente tenga un mandato extraordinario acotado al resto del periodo pendiente de 4 años. La experiencia será, por lo tanto, novedosa. Podría decirse que el Principado de Asturias is different y, aunque en todas partes cuecen habas, no es la primera vez que en nuestra Comunidad se produce algún desajuste institucional significativo, proveniente habitualmente de las aguas turbias de la derecha asturiana.
No cabe encontrar problema estatutario alguno en que se acuda a la posibilidad de la convocatoria anticipada y, aunque las críticas a la decisión estén bien fundadas, convendría moderar algunos aspavientos por el trastorno que suponga llamar a los ciudadanos nuevamente a las urnas, como si esta opción estuviese escrita para no ser utilizada. Al contrario, esta posibilidad está prevista en la regulación de nuestro autogobierno precisamente para dar respuesta a situaciones de bloqueo con serias consecuencias políticas y en su incorporación al Estatuto se tuvo presente la amarga experiencia de la IV Legislatura, escenario de la primera gran crisis del PP, con Marqués y Álvarez-Cascos como protagonistas del goyesco Duelo a garrotazos. No obstante el hecho de que la Junta General que resulte electa vaya a tener un mandato más reducido en el tiempo (hasta 2015 en que concluiría la Legislatura originaria) creo que aumenta la sensación de excepcionalidad –como si estas elecciones no tuviesen el mismo valor- y es una limitación que más temprano que tarde habrá que suprimir de nuestro Estatuto.
Por otra parte, la convocatoria electoral no deja de ser una válvula de escape para una situación política que amenazaba gravemente con llevarnos a una parálisis institucional prolongada. Digamos que es una respuesta singular a una situación extraordinaria, porque será difícil encontrar un Gobierno tan aislado de la realidad como el que ha presidido por Álvarez-Cascos y en el que desde el minuto cero sus responsables decidieron la voladura incontrolada de cualquier posibilidad de recabar apoyos para sus proyectos, si es que los tenían. Si a esa actitud se suma la conjunción de incompetencia, revanchismo, mala baba y populismo predominante en el experimento de FAC, el resultado es la acumulación de víctimas que deja el caballo de Atila, empezando por muchos de sus propios correligionarios otrora fanatizados, algunos profesionales y funcionarios que salen escaldados después de aparcar su actividad para echar un cable pensando que había algo más que impostadas invocaciones jovellanistas y otros rebotados de diversa procedencia que pueden sumar una nueva muesca acreditativa de los innumerables proyectos políticos fallidos que han respaldado a lo largo de su vida.
Diría más: menos mal que, en un único acto de lucidez, Álvarez-Cascos, que no puede desconocer la frustración y desgobierno que ha generado, decide poner fin a su viaje a ninguna parte.
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El debate no ha sido ajeno al Principado de Asturias, si bien con la destacable singularidad de nuestra Comunidad, en la que las dimensiones de la Administración y su sector público no han alcanzado el volumen de otras comunidades, con lo que cualquier formulación que quiera hacerse al respecto, si aspira a ser mínimamente rigurosa, tendrá que partir de la consideración de esta realidad. Claro que puede haber margen para analizar, con el detalle necesario, si es posible simplificar o racionalizar las características de nuestra Administración autonómica y si cabe, en términos de funcionalidad y eficiencia, introducir modificaciones organizativas. Pero cifrar cualquier cambio exclusivamente en clave de reducción –por sistema- de órganos administrativos y entes públicos puede acabar convirtiéndose en un argumento falaz e interesado. Por un lado, porque las competencias que corresponden al Principado de Asturias, desde la reforma estatutaria de 1999 y el intenso desarrollo de ésta durante la década pasada, sitúan a los poderes autonómicos ante la obligación de facilitar, a través de los instrumentos adecuados, numerosos servicios de excepcional importancia para los ciudadanos, con importantes márgenes para la toma de decisiones. Por otro lado, porque es perfectamente razonable que, de forma pareja a la profundización en el autogobierno, se haya hecho más amplia y compleja la realidad institucional autonómica, en la que los órganos auxiliares (Consejo Consultivo, Sindicatura de Cuentas, y en otro nivel, la Procuradoría General) y los órganos asesores de diversa naturaleza (empezando por el Consejo Económico y Social) tienen importantes responsabilidades para mejorar el funcionamiento del conjunto de nuestras instituciones. Y, finalmente, porque detrás de la propensión a reivindicar permanentemente la reducción de los órganos públicos –como si esta posibilidad de rebaja fuese infinita- se encuentra muchas veces la intención de mermar la capacidad de incidencia de las propias políticas públicas, que ya cuentan en la actualidad con enormes dificultades para subsistir ante la oleada neoliberal en la que los espacios, valores y bienes colectivos también se ven disminuidos.
Quizá, antes de continuar esta llamativa competición de propuestas destinadas a llevar a la insignificancia a los poderes públicos o, peor aún, a reducir a lo anecdótico los instrumentos de participación ciudadana y control en la arquitectura de las comunidades autónomas, convenga comenzar el escrutinio sobre las características de las instituciones empezando por analizar sus cometidos, constatando la necesidad de perfeccionamiento de un sistema descentralizado pendiente de consolidación en muchos aspectos y, sobre todo, subrayando la importancia que, precisamente en este momento, tiene salvaguardar los bienes y servicios cuya provisión es responsabilidad de los poderes públicos autonómicos.
Publicado en Fusión Asturias, agosto de 2011.
Etiquetas: administración, competencias, Comunidades Autónomas, gasto público, poderes públicos
En esta época de reemplazo en gobiernos locales y autonómicos es frecuente que los medios de comunicación realicen extensos balances públicos sobre la gestión de los ejecutivos salientes. También es común que los que cogen el testigo en la dirección de las Administraciones comiencen su gestión chequeando la situación que se encuentran, a lo que, en este tiempo en el que el desmedido desaire y el adanismo político están a la orden del día, se suele acompañar, si el nuevo equipo es de un signo político distinto, un reproche abierto a la herencia recibida. Naturalmente que es legítimo analizar con profundidad el escenario que cada nuevo gobierno se encuentra y es igualmente razonable remarcar aquellas cosas que pretenden diferenciar la gestión precedente de la futura. Pero conviene saber que la recriminación al que se va no siempre es proporcionada ni justa, no mejora automáticamente las cosas ni atenúa por sí los problemas y puede acabar convirtiéndose en un recurso propagandístico vulgar ante la indefensión del cesante, que cuenta con menos posibilidades de replicar y limitados espacios para hacerse oír desde el momento en que sale por última vez de su anterior despacho.Etiquetas: 22-M, Asturias, Comunidades Autónomas, elecciones