Blog de artículos publicados en medios de comunicación.

1.11.13

REACCIONES QUE METEN MIEDO

Cuando determinados acuerdos  parecen asentados y forman parte de nuestro acervo político e institucional, surge desde las entrañas una convulsión que pone en tela de juicio lo que se creía  un consenso largamente fraguado. Que España se sometiese a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) como Estado que ha firmado (1977) y ratificado (1979) el Convenio Europeo deDerechos Humanos y que es parte del Consejo de Europa, fue un hermoso reflejo de la voluntad civilizadora y democrática paralela a la aprobación de la Constitución Española y a la recuperación de las libertades. No olvidemos que se trata del sistema más perfeccionado y eficaz de protección jurisdiccional internacional de los Derechos Humanos, cuya doctrina ha incidido decisivamente en la interpretación llevada a cabo por los sistemas judiciales de los Estados que lo integran.
En la España de hoy, sin embargo, hay quienes se atreven a reclamar abiertamente que se desobedezca la Sentencia dictada el 21 de octubre por la Gran Sala del TEDH (caso del Río Prada, concerniente a la doctrina Parot) e incluso, si fuese necesario, denunciando el Convenio y desvinculándose de sus obligaciones. Da igual si el único Estado europeo fuera del ámbito del Convenio es la autocrática Bielorrusia, a cuyos estándares dictatoriales no creo que queramos parecernos. O poco importa preservar la seguridad jurídica, la irretroactividad de las leyes penales desfavorables y el principio de que nohay pena sin ley, ya que esos son los fundamentos últimos de la denostada Sentencia del TEDH.
Es cierto que a las víctimas de los crímenes llevados a cabo por las personas que se van a beneficiar de la Sentencia del TEDH se les debe comprensión cuando entienden que el número de años de cárcel que soportarán los culpables es insuficiente castigo. Y no está precisamente poco extendida la inquietud por lo que muchos consideran un tratamiento benévolo a personas condenadas por acciones atroces. En el caso de los delitos sin trasfondo político, además, se une la natural aversión que, por mucha abstracción en la que queramos situarnos, produce la libertad de autores de crímenes horrendos. Pero cuando se trata de construir un sistema jurídico avanzado, que evite arbitrariedades y asegure una aplicación de las leyes de acuerdo con los principios en los que decimos fundamentar el ordenamiento, ganamos más colectivamente siendo consecuentes con ellos que dejándonos llevar por planteamientos primarios.

A esto se suma la necesidad de aclarar algunas cosas y denunciar utilizaciones perversas de la conmoción. Hablar de impunidad es un sinsentido, cuando se han cumplido condenas acogiéndose a beneficios penitenciarios que eran válidos y aplicables (aunque posteriormente se sustituyese el esquema de redenciones de pena, primando en la actualidad el sistema de grados y la expectativa del preso de acogerse a la libertad condicional). Cargar contra el juez español del TEDH, Luis LópezGuerra (Catedrático de Derecho Constitucional y miembro del Tribunal Constitucional entre 1986 y 1995), acusándolo poco menos que de complicidad con el terrorismo es, directamente, miserable, además de rotundamente estúpido (la Sentencia citada contó con quince votos contra dos en su pronunciamiento principal). Utilizar partidariamente la Sentencia para alimentar la hoguera de conspiraciones y las supuestas deslealtades a la memoria de las víctimas, como ha hecho el PP, es una canallada con efecto boomerang (no hay más que ver el trato que dispensaron a sus dirigentes los manifestantes del 27 de octubre). Y dar alas a la ultraderecha reconstruyendo un viejo discurso de desprecio por el sistema europeo de Derechos Humanos y un relato de agravios y traiciones contra la patria, es, si prende esa llama, sencillamente aterrador.

Publicado en Asturias24, martes 29 de noviembre de 2013.

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18.3.12

NOTITIA CRIMINIS

Señor Torres-Dulce, no hace falta un esfuerzo adicional, no es necesario rebuscar lo ya sabido, el trabajo que pretende acometer ya está hecho. Toda la verdad sobre el 11-M ya la tienen desde hace tiempo descrita, cotejada y bien contrastada Luis del Pino, Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos, los peones negros y otros héroes de la Libertad (Digital). ¡Mire que llevan años proclamándolo a los cuatro vientos! Todo ha sido fruto de sesudos estudios, minuciosas pesquisas, equilibrados análisis y refulgentes resultados, de esos que llaman poderosamente la atención. Si basta darse un garbeo por algunas webs o seguir los medios aficionados al excelso periodismo de investigación, sin esperar a cada aniversario del atentado y su aprovechamiento político, para apreciar la purísima ciencia forense que puebla sus conclusiones y la resplandeciente exactitud de los hechos puestos a la luz. Si llevan ocho años -¡ocho!- evitando incansablemente que la coalición de saboteadores, timoratos e implicados extienda un manto de silencio sobre la felonía que arrebató vilmente el poder al PP con oscuras tretas. Si durante todo este tiempo han cuestionado sin desmayo el resultado electoral de 2004 -y el de 2008 que deriva de aquél- por ser fruto de la cruel jugarreta de los atentados. Si pusieron en duda la investigación policial, la instrucción del juez Juan del Olmo –y eso que dice que le costó salud y desvelos-, la labor de enjuiciamiento de la Sala de la Audiencia de lo Penal presidida por Javier Gómez Bermúdez y la del Tribunal Supremo en el correspondiente recurso de casación; todo ello por intrépido amor a la claridad, por simple y valiente rebeldía frente a la malvada conjura. Si, incluso, han tenido que desenmascarar a Pilar Manjón poniéndola en el punto de mira y haciendo que no pueda salir de casa sin sufrir vejaciones de los aguerridos activistas -buenos chicos- que siguen fielmente las crónicas de la revelación; hizo falta separar a las víctimas justas y combativas, que no se creían las patrañas de la versión judicial, de las que no lo han sido… aunque sea doloroso para los proclives a la compasión: ya se sabe que toda causa elevada necesita cierta dosis de firmeza ante los que se arrugan y hay que pasar a todos por el cedazo correspondiente.

Señor Fiscal General, no se arredre usted ahora ante la fuerza de cosa juzgada y otras pequeñeces de leguleyos. Hizo bien en descubrir en el panorama mediático los reductos insobornables donde todavía se aspiraba a esclarecer los hechos. Ya daba usted buena espina de crítico cinematográfico, ya se sabe que la afición al celuloide es apropiada para enfocar adecuadamente estas cosas. Si poco después de abierta la espita se ha dado usted cuenta de que ha destapado la caja de Pandora de las conspiraciones, no me sea ahora maricomplejines, que diría el bienamado Federico, proa de toda esta incipiente Reconquista intelectual.

Señor Torres-Dulce, directamente se lo digo: investigue a Rubalcaba, si es vox populi que lo tenía todo bien pergeñado, que de eso sí que sabe un rato, no nos engaña con sus austeras y fugaces vacaciones en las playas llaniscas… y viniendo de la extracción política que procede, ¡qué se puede esperar! Siguiendo su feliz precedente, tómelo también como notitia criminis y no se salga de la recta vía: adelante con la preinvestigación, la protoindagación, la preaveriguación, llévela hasta el final para reflejar la verdad que ya es conocida, que usted ya sabe al acudir a las fuentes adecuadas. Y que nada le detenga. Haga como Acebes, siga sin descartar otras hipótesis. Si flaquea su determinación o no lo hace por convicción, qué se yo, hágalo por España.

Y de los ocasionales columnistas progres que abusan torpemente de la ironía, ya nos encargaremos otro día.

Publicado en Oviedo Diario, 17 de marzo de 2012.

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