Blog de artículos publicados en medios de comunicación.

11.7.14

ESPERANZAS DE CAMBIO EN EL PSOE


El PSOE se encuentra en un momento de profunda reflexión, forzado por los resultados electorales, por la crisis de identidad de la socialdemocracia y por los relevos orgánicos y generacionales. El contexto en el que llega a este cruce de caminos es, además, particularmente complicado, con el sistema de democracia representativa en dificultades frente a sus propias contradicciones y hostigado por autoritarismos de diversa índole; con los Estados exhibiendo la insuficiencia de sus medios para revertir la crisis económica y social, sostener políticas públicas consistentes y garantizar oportunidades y derechos a los ciudadanos; y con un escenario global tremendamente convulso en el que los valores que ha defendido la Europa democrática pierden enteros a la par que lo hace su pujanza económica.
Así las cosas parecería casi trivial determinar quiénes son las personas que dan un paso adelante para encabezar el cambio necesario en el PSOE. Pero no lo es tanto si reparamos en que, del acierto del próximo Secretario General al interpretar la situación y promover la renovación interna dependerá que el PSOE recupere la vocación de ser un partido mayoritario, representativo y con vocación de gobierno, o pase a ser un actor político secundario, ocasionalmente con responsabilidades ejecutivas, pero escasamente decisivo. La afiliación del PSOE tiene muy clara la necesidad de compromiso y superación de los errores recientes –el principal, la falta de fidelidad a los propios principios socialdemócratas- para recuperar la credibilidad necesaria; pero aún existe cierto vértigo por los cambios, las incertidumbres del entorno y una resistencia de las estructuras del partido a ser rebasadas por la propia fuerza de una militancia con ganas de un revulsivo.
Creo que Eduardo Madina, más que el resto de las alternativas, está a la altura del reto; y si el imparable deseo de cambio que se vive en el PSOE se manifiesta en el proceso interno que vive este partido, podrá demostrarlo. Es una persona prudente y que ciertamente hasta ahora ha medido sus palabras, pero que es perfectamente capaz de apreciar y reconocer los problemas propios del PSOE, de forma abierta y sincera, a la par que tratando de recoger lo mejor del bagaje de este partido. Ha exhibido serenidad y generosidad su trayectoria personal, en la que no se le ha oído un exabrupto ni una pizca de rencor o mezquindad, de la que tanto abunda en la vida partidaria. Se convirtió a su pesar en un símbolo el 19 de febrero de 2002, cuando fue objeto de un atentado terrorista de ETA que le amputó parte de una pierna, pero en ningún momento ha permitido que el miedo o el odio se infiltren en su pensamiento y práctica política ni ha centrado su trayectoria en su condición de víctima del fanatismo. Cuando ha tenido que echar un pulso para defender principios que considera irrenunciables, lo ha hecho.
El éxito político de Eduardo Madina se debe a su capacidad y su conexión con las personas de mentalidad abierta y progresista; no es casual ni producto de tacticismos propios de la fontanería partidaria. En una parte no poco importante se debe a su presión y sus declaraciones públicas el hecho de que, a pesar de la fuerte confusión inicial, finalmente todos los afiliados del PSOE vayan a poder votar el 13 de julio su preferencia para la Secretaría General, lo que es una conquista innegable. A este respecto, por cierto, el PSOE, a pesar de sus importantes problemas y no sin controversia interna, continúa siendo el partido que abre camino en mecanismos de democratización de los partidos políticos; ya lo hizo en el pasado con las primarias para la elección de candidatos o con la introducción de mecanismos para garantizar la representación igualitaria de sexos.
Eduardo Madina ya ha planteado con claridad los aspectos que guiarán su proceder al frente del PSOE, si obtiene la confianza de la militancia. Quiere un PSOE sólido en las instituciones pero también cercano a los movimientos sociales; dispuesto al debate más amplio que sea necesario sobre el modelo territorial y la forma política del Estado; que tenga en la búsqueda de la justicia social y la igualdad su prioridad; que siga siendo un partido con vocación de articular consensos pero que no se deje llevar ni renuncie a su voluntad de transformación; y, especialmente, que pueda superar sus propias inercias y ataduras internas para desarrollar una forma de participación en los asuntos comunes adecuada a una ciudadanía que no quiere intérpretes ni intermediarios exclusivos en su relación con los poderes públicos, que no otorga cheques en blanco a nadie y con la que el diálogo debe sostenerse en el respeto intelectual y político. Por eso, entre otros motivos, Eduardo Madina, sin caer en ninguna clase de veleidad populista y tratando de rescatar del PSOE sus mejores aportaciones, viene con verdadera pretensión de renovación, sin dependencias ni peajes. Esperemos que aproveche la oportunidad que las circunstancias le brindan y de la que quiere hacerse legítimo merecedor.

Publicado en Asturias24, 24 de junio de 2014.

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10.6.14

SERENIDAD Y PRINCIPIOS

Es incuestionable que el resultado electoral del 25 de mayo es manifestación de una crisis política de primer orden y que el PSOE obtuvo un resultado muy pobre, agudizando una pérdida de confianza continua desde 2009. Es verdad que los deseos de cambio, muy intensos, tuvieron otros cauces de expresión con una pegada muy fuerte, principalmente con la novedad de Podemos. Pero pongamos algunas cosas en su sitio al analizar la situación, empezando por apreciar la singularidad del momento y su contexto; constatando la particularidad de estas elecciones, con una participación entre veinte y treinta puntos menor que en convocatorias generales, autonómicas y municipales; reconociendo -que tal pareciera lo contrario- el hecho innegable de que el PSOE sigue sumando, de largo, más votos que la suma de IU y Podemos; y distinguiendo un voto de protesta en una convocatoria considerada menor (por desgracia), que tiene más de toque de atención o tarjeta amarilla, de una especie de pretendido repudio definitivo a las opciones con posibilidades reales de gobierno. Quien piense que los 1.245.948 votos de Podemos comparten el programa político y su forma de proceder, se equivoca enormemente. Otra cosa es que su discurso de hartazgo y su indudable activismo haya servido para canalizar frustraciones, fatigas y cabreos, en buena parte legítimos. Aunque ambición les sobra -y me parece lícito- están muy lejos de construir alternativa alguna con hechuras de mayoría.
Tras el resultado electoral del 25 de mayo, según el canon efectista al uso, entre los socialistas toca llevarse las manos a la cabeza y correr sin sentido un lado para otro, al menos hasta que se aclare el panorama orgánico interno y surja una expectativa de liderazgo diferente. Perdónenme, pero me niego a formar parte de los que quieren hacer tabula rasa o se dejan caer en la desesperación. Claro que el contexto no ayuda, entre otras cosas porque Rubalcaba, tremendamente cansado, quizá se haya apresurado lanzando la convocatoria de un Congreso en plena agitación interna, y la confusión de estos días es mucha. De cara a las próximas semanas, será necesario recuperar algo más de calma y capacidad reflexiva.
Evidentemente, hay mucho que mejorar en la forma de hacer política del PSOE, por ejemplo en su organización interna, fuertemente burocratizada y rígida, necesitada de descentralización y viveza; y sobre todo en su relación con la ciudadanía, que ya no desea intermediarios con las instituciones y el poder, sino que quiere ejercer –cuando sus circunstancias lo permiten, que no es siempre- su capacidad de decidir y controlar a sus representantes y a las instituciones, de la manera más directa y eficaz posible.
A la par, el discurso político del PSOE tiene que ser más coherente con su praxis, porque lo que ha contribuido a la pérdida de credibilidad es la disparidad entre un mensaje, en funciones de oposición y sobre todo en época electoral, aguerrido frente a los recortes, los poderes económicos y las imposiciones de la UE (alentando involuntariamente la desconfianza hacia las instituciones comunitarias, lamentablemente) y una trayectoria sensiblemente diferente en escenarios de crisis, ejemplificada en el golpe de timón de mayo de 2010, bajo el disolvente discurso de hacerlo obligado por los mercados y sin otra alternativa posible.
No se trata, contrariamente a la tentación a la que llevará el éxito de Podemos, de “girar a la izquierda”, como suele invocarse en la fraseología al uso, normalmente simplona; y menos aún de caer de hinojos y golpearse el pecho ante el avasallamiento de algunos iluminados con vocación inquisitorial, entre otras muchas cosas porque, con todos los errores y dificultades que se quiera, la hoja de servicios del PSOE a la clase trabajadora española y a los valores democráticos es, en conjunto, innegable. Lo apremiante es que el PSOE se reencuentre, en palabras y hechos, con sus principios socialdemócratas e igualitarios, a favor de modular las fuerzas del mercado y fortalecer las instituciones que lo regulan, impulsar la eficiencia económica y productiva en beneficio de la mayoría, proteger los derechos de los trabajadores, ampliar y defender los servicios públicos, mejorar la calidad democrática, asegurar la igualdad efectiva de mujeres y hombres, desterrar toda discriminación y, en suma, recuperar la mejor agenda de progreso, desde la sensatez y el respeto a la diversidad política de nuestra sociedad, que es mucha. Lejos, sobre todo, de la amarga sensación de estar al albur de las urgencias, sin criterio propio o con posiciones impostadas. Fiel a lo mejor de sí mismo, que es mucho.

Publicado en Asturias Diario, 2 de junio de 2014.

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