PUNTO FINAL A LA DEGRADACIÓN

El hecho es gravísimo, porque, si resultase cierta la conexión entre su activa defensa de sus derechos laborales y el hostigamiento recibido, estaríamos ante una poderosa muestra del enorme nivel de brutalidad y de degradación instalado en determinados ámbitos de la vida local. Es especialmente grave que esto suceda en relación con la Policía Local y en potencial correspondencia con el cargado ambiente que, a tenor de sus permanentes conflictos, se vive en ese cuerpo. Pone los pelos de punta la mera suposición de que algún agente o incluso algún mando de la Policía Local haya conocido, alentado o consentido acciones como las que han acabado con la pared del agraviado repleta de insultos y con una diana dibujada en su puerta. Urge, por lo tanto, que se investigue la sospecha esgrimida por CCOO sobre los motivos de este acoso y que, de existir indicios de esta vinculación, se depuren todas las responsabilidades, con todas las consecuencias.
Desgraciadamente, no son pocos en Oviedo los que tienen la sensación de que este tipo de acontecimientos no resultan imposibles cuando se instala una cultura de abuso de poder, soberbia y agresividad verbal en ciertos ámbitos municipales. Precisamente, cuando algunos responsables en el Ayuntamiento han hecho de su estilo bronco y despreciativo la marca inconfundible de la casa y cuando el extremismo ha introducido su discurso en algunas fuentes mediáticas de la derecha y encendido a la parte más montaraz de sus bases, reaparece en escena el aroma ultra que destilan las pintadas de este caso; efluvio que, por otra parte, no es desconocido en este país ni en nuestra ciudad, aunque ingenuamente lo creíamos desterrado a las catacumbas.
Seamos plenamente conscientes: esto ha sucedido en Oviedo. Es necesario que nadie reste ni un ápice de gravedad a este asunto. Si queremos que no haya riesgos para la convivencia y que no se resquebraje la más elemental confianza de la ciudadanía en su Ayuntamiento y en la propia Policía Local, es imprescindible el máximo respaldo político, institucional y legal para el agente amenazado y, simultáneamente, la determinación de responsabilidades y la completa erradicación de cualquier conducta que ampare, incite o sostenga esta clase de aberraciones.
Publicado en Oviedo Diario, 12 de febrero de 2011.