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10.3.06

LAICISMO, HOY

Recuerdo que hace unos a?os, en uno de los efímeros movimientos universitarios en los que participé, discutíamos sobre la necesidad de que la Universidad preservase su carácter laico. Demandar aquello a algunos nos parecía que era exhibir reclamaciones extemporaneas. Algo así como reivindicar el sufragio universal, la publicidad de las leyes, o la libertad de imprenta. Es decir, parecía que alegábamos una y otra vez conquistas ya realizadas y suficientemente asentadas en la vida política y social como para tener que ser nuevamente enarboladas.
Pues resulta que me equivocaba. Hoy día se vuelve a reivindicar el laicismo como valor imprescindible en la construcción de una Estado y una sociedad, no por gusto melancólico por las viejas consignas, sino por necesidad pura y dura. Cuando se acorta la distancia entre Iglesia y Estado y una determinada confesión religiosa, en este caso la católica, obtiene una posición ventajosa difícilmente justificable, con los tiempos que corren, algo no está funcionando bien. Lo hemos visto, por ejemplo, en el revival de la simbología nacionalcatólica, o en un asunto tan importante para el futuro colectivo como la política educativa, puesto que, con la Ley de Universidades y la Ley de Calidad (toma pensamiento único) de la Ense?anza, nos han colado de refilón un sistema de barra libre para las empresas de proselitismo confesional, revestidos de centros educativos privados, que de paso realizan una jugosa actividad lucrativa y pregonan un modelo social segregacionista y anticuado.Hasta la obvio, por lo tanto, se vuelve justa reivindicación, y tenemos que desempolvar viejos tratados y argumentos para exigir lo que pensábamos que ya era un lugar común: que las creencias individuales merecen respeto pero que no se puede priviliegiar a nadie ni a nada en base a esas convicciones espirituales.

Versión en castellano. Publicado en Les Noticies el 2 de enero de 2004