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9.3.06

ASTURIAS, EN LA RECONCILIACIÓN CON SU LENGUA

ASTURIAS, EN LA RECONCILIACIÓN CON SU LENGUA

...esti mundu da mil güeltas
y el casu ye tener la picardía
de cuandu va rodando ponese unu
en la parte que roda p´hacia riba

Félix de Monterrey


Mi bisabuelo Emilio Fernández-Corugedo, un bohemio domado y mundano, escribió entre 1928 y 1931 las Charlas del Xueves, en El Sol de Pravia. Félix de Monterrey, fue su seudónimo más venturoso, y describe bien la placentera dicha de sus días, en los que pudo disfrutar de un entorno universal –glocal diría Juan Cueto-, una particular cosmovisión desde la casa que su padre, un indiano que prosperó comerciando en La Habana, construyó un poco más arriba del barrio de Monterrey, en Riberas, el último pueblo de Soto del Barco y el primero de Pravia (no en vano perteneció a este segundo concejo hasta 1836, en el que los azares administrativos hicieron que recayese en el municipio sotobarque?o).
Las Charlas del Xueves han llegado, dispersas y desordenadas, hasta nuestros días. Reproducen, con bastante sorna, conversaciones y cuitas que Félix de Monterrey escuchó una y cien veces a sus vecinos ribere?os y pravianos. Para ser fiel a la realidad que exprimía, las escribió en la lengua que aquellos utilizaban: el asturiano.
Hoy día Riberas sigue siendo tierra en la que se oye y se habla, en gran medida, en asturiano. No por convicción política, ni por contumacia en la resistencia, ni siquiera por proteger identidades o tradiciones. Simplemente, se habla lo que se escucha, y se comunica con los instrumentos que uno tiene para hacerse entender, entre ellos el asturiano. La vieja lengua con escasa fortuna histórica, se hace tenue poco a poco, pero sigue siendo parte de Riberas y por lo tanto parte de los ribere?os, de nacimiento o de sentimiento.
El asturiano existe como lengua, es uno de los hilos con los que se teje nuestra historia y se edifica nuestro patrimonio cultural; llena parte de las alforjas cuya carga nos define como pueblo. Quizá haya sido la aversión de Asturias por ciertos recuerdos –los de la dureza y crudeza de la vida en el mundo rural-, lo que provoca la situación única que este país padece, en el que se genera un conflicto lingüístico convirtiendo un activo –nuestra lengua- en un motivo de controversia. Al mismo tiempo que parecemos incapaces, como pueblo, de reconciliarnos con nosotros mismos, con lo que somos y con lo que escuchamos y –con mayor o menos intensidad- hablamos, la lengua asturiana combate la marejada de la diglosia, el naufragio de la desaparición en dos generaciones. La reverdecida creación literaria y musical que utiliza el asturiano como vehículo son, en este temporal, las tablas de salvación.
Los hablantes del asturiano tienen, además, derechos lingüísticos que son inalienables y cuya garantía compromete a los poderes públicos. No hay sociedad moderna, eficiente y respetuosa con todos sus miembros si se establecen categorías de ciudadanía y graduaciones en los derechos en función de la lengua que se utiliza. Que cada persona pueda, libremente y sin imposiciones de ninguna clase, utilizar el asturiano o el castellano como principal herramienta de expresión es el criterio elemental con el que resolver el panorama de controversia lingüística de Asturias.
No es la creación de una identidad a gestionar, ni el establecimiento de barreras con el resto de Espa?a o el mundo, ni la miopía de encerrarse en uno mismo lo que justifica la configuración de un modelo propio que de respuesta a la pluralidad lingüística de Asturias. Es, por el contrario, la protección de los derechos de todos los asturianos, y por ello la cohesión social y las libertades, lo que justifica el establecimiento de figuras jurídicas y la puesta en marcha de iniciativas públicas que promuevan la lengua asturiana y amparen a quien en ella desea comunicarse, escribir, pensar o leer.
En esta situación, podemos contemplar experiencias diversas en nuestro entorno y escrutar los diferentes itinerarios jurídicos y políticos que pueden conducir a ese objetivo. El modelo de garantía de los derechos lingüísticos de los asturianos tiene que ser adecuado a nuestra fisonomía, nuestras tallas, nuestras necesidades. En esta encrucijada dos senderos, que en muchos tramos convergen, acaban cegados por la maleza. Uno es el de convertir a la lengua asturiana en patrimonio de unos pocos, arma arrojadiza, motivo de confrontación o argumento para inmersiones desacompasadas con las exigencias sociales; el otro es hacer gala –con palabras o hechos- de indiferencia o incluso desprecio por la lengua asturiana, que es tanto como denostar a los miles de asturianos que la emplean.
El momento político que se abre en los meses venideros, con un debate de sumo interés sobre la previsible reforma estatutaria, es el oportuno para encauzar este conflicto. La hora de tender puentes y dialogar sobre qué modelo de protección se desea para la lengua asturiana, y para la fala o gallego-asturiano en el ámbito del Navia-Eo. A este foro público y abierto se debe acudir sin estereotipos ni prejuicios, con verdadera voluntad para evitar la pervivencia de la anomalía que representa una lengua hablada, escrita y leída que es en buena medida ignorada por los poderes públicos, a pesar de los tímidos intentos en estos 23 a?os de autonomía.
Tenemos la oportunidad de que en este momento la lengua asturiana se coloque en la parte que rueda hacia arriba, en el símil de Félix de Monterrey. Podemos optar por la vía para reencontrarnos con nosotros mismos, en una Asturias en la que los derechos lingüísticos de todos los asturianos, sin excepción, encuentren cobijo en nuestra arquitectura jurídica, administrativa e institucional.

Versión en castellano. Publicado en VV.AA.: "?Qué ye la oficialidá del asturianu?", Fundación Caveda y Nava, Oviedo, 2004.