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10.3.13

VERSIÓN OFICIAL

Alguna mente calenturienta ha decidido recrear una supuesta contabilidad B del Partido Popular. A modo de los viejos contables con manguitos y sobre un cuaderno de los que sólo un repeinado tesorero chapado a la antigua utilizaría hoy, se han inventado centenares de apuntes, con nombre y apellidos, entradas y salidas, en riguroso orden. El fabulador de la caja oculta ha ideado un ficticio y complejo universo de dádivas, sobresueldos y ayuditas a la cúpula dirigente del partido hegemónico, para dar la falsa impresión de continuidad en la práctica, como si estuviese en la esencia misma de la fuerza política concernida. Si da la casualidad de que alguno de los apuntes es reconocido como cierto por el interesado al que se cita, es fruto del azar, de la suerte del conspirador o del despiste del aludido. Porque salvo alguna cosa –ya lo dijo el Presidente- es todo completamente falso y producto del intento de dañar al Partido Popular y a España, valga la redundancia.
Si los periódicos que han recibido clandestinamente esta información le dan credibilidad con su publicación, sólo se debe a la profunda crisis de identidad de los medios, dispuestos a enturbiarlo todo, a servir a intereses espurios o a roer el hueso de un escándalo prefabricado para vender unos cuantos ejemplares. Procede demandar, querellarse, amenazar a quien divulgue, replique o cite; es justo y necesario detener la propagación, evitar que la opinión pública caiga en el error de atar supuestos cabos.
Nadie en su sano juicio puede creer que haya dinero procedente de fuentes desconocidas entrando en una tesorería opaca del PP o que contratistas y constructores de toda condición, grandes y medianos, hagan repetidas donaciones que no sean las estrictamente legales. Que haya una relación entre el ex tesorero del PP, sus supuestas cuentas y la trama Gürtel es, evidentemente, pura coincidencia. Tanta casualidad como la que hizo confluir a Álvaro Pérez en el backstage de los mítines; a Francisco Correa en la boda de Alejandro Agag; al jaguar de Luis Sepúlveda en el garaje de la casa de Ana Mato. Ya se sabe que uno nunca sabe con quién trata y no hay quien no corra el albur de cruzarse en el ascensor con alguna manzana podrida.
No debe haber cuidado ni zozobra. Se darán las explicaciones pertinentes, porque todo está muy claro, salvo alguna cosa. Y esa cosa se aclarará con la auditoría interna y externa, que se repetirá cuantas veces haga falta. Y con lo que se haya declarado -¡todo verdadero!- al fisco. Con eso, todos contentos. El Gobierno podrá seguir reformando y aplicando las medidas que hay que aplicar. La vida seguirá, mañana será otro día y ya se sabe que las noticias de ayer envuelven el pescado de hoy. Todo esto pasará y se olvidará.
Salvo alguna cosa.
 
Publicado en Oviedo Diario, 9 de febrero de 2013.

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